Trasplante de útero: cuando la ética y la medicina se olvidan

Por Saúl P.

Que la Medicina está de moda no es algo nuevo. Puede que este año sea el que más ha hecho llegar la labor que se realiza en los hospitales, imprescindible y muchas veces desconocida; a la población general. Pero en una época marcada por la COVID-19, son muchos otros los avances que se realizan en este ámbito.

Hace unos días, salía una notica que dejaba ver que España se había sumado al escaso número de países que habían sido capaz de realizar un trasplante de útero (noticia aquí). Más allá del gran avance que esto supone en cuanto a técnicas médicas y quirúrgicas, y que hacen que nuestro país esté a la vanguardia del mundo en este aspecto (no gracias a nuestros dirigentes, pues cada año hay un éxodo de miles de profesionales a los que otros países acogen con los brazos abiertos para aprovechar su gran formación y no maltratarles laboralmente); se me plantea una duda sustancial, la cual creo que es tan importante, o más; como la propia realización de este trasplante: la que surge en el ámbito moral.

La inseminación post mortem es un ejemplo de la diferente interpretación de la bioética en cada país

Bioética: rama de la ética dedicada a promover los principios para la conducta más apropiada del ser humano con respecto a la vida, tanto de la vida humana como del resto de seres vivos, así como al ambiente en el que pueden darse condiciones aceptables para la misma.

En los últimos años, esta rama ha tenido muchísimo que decir en temas tan candentes como los alimentos transgénicos, investigación en embriones humanos, trasplante de órganos o inseminación post mortem. Y la belleza de esto es que no hay nada tangible ni escrito al respecto, abriéndose un campo muy extenso en todos los países para su desarrollo (como ejemplo de la variabilidad de estos temas, la inseminación post mortem está permitida en Alemania, Francia o Italia; se permite con limitaciones en Portugal y Reino Unido y no está regulada en Estados Unidos. Está absolutamente prohibida en Suecia y, según jurisprudencia reciente de este mismo año, en Argentina. En España se permitió ya en la ley de reproducción de 1988, manteniéndose en su revisión en 2006).

Y hasta aquí, puede que el querido lector no haya aún entendido qué tiene que ver un trasplante de útero como el que abre la noticia con la bioética. Pero es ahora donde empezamos a encajar los engranajes de esta compleja reflexión.

La función de este trasplante no es otra que procrear y tener descendencia propia. La receptora había nacido sin útero, aunque manteniendo sus ovarios (esto quiere decir que podría tener hijos biológicos suyos al tener el material genético intacto en sus óvulos, pero no podría mantener la gestación al no tener el recipiente para ello). Se nos plantean varias opciones en este momento: una donación de útero, como la que se acaba de hacer; o una gestación subrogada mediante trasferencia de un óvulo de la paciente ya fecundado al útero de otra mujer. Pero estando en España prohibida la segunda, yo me pregunto; ¿por qué la primera se ha hecho sin poner el grito en el cielo determinados colectivos?

Aunque haya infinidad de barreras para evitar los fraudes, recordemos que el hígado de Abidal aún sigue en los juzgados

Y es que la gestación subrogada es tema de debate constante, muy acentuado en los últimos años. Sus defensores abogan por la igualdad que debería proporcionar el Estado tanto a hombres como a mujeres para tener hijos biológicos propios, estando esta opción reservada únicamente a las féminas hoy en día. Mayoritariamente, plantean que esto se lleve a cabo como una donación del cuerpo de la mujer voluntaria, aunque tampoco se descarta alguna compensación económica, que no sea no lo suficientemente cuantiosa como para que se convierta en el motivo capital por el que se realiza la donación; tal y como hacen las clínicas de reproducción con los donantes de semen.

Los detractores de esta medida sugieren que esto va en contra de todo atisbo de feminismo, convirtiendo a la mujer en un producto de mercado, válido solo por su cuerpo. Aunque ella sea quien lo quiera realizar, todo ello iría en contra de los avances logrados en los últimos años. Además, apelan a que se crearía muy fácilmente una red de explotación de estas mujeres por mafias dedicadas a la explotación de personas.

Sin entrar en debate de ambos puntos de vista acerca de la gestación subrogada, vuelvo a preguntar; ¿qué diferencia un trasplante de útero de esta?

Estoy de acuerdo en que, en los últimos años, más siendo España el país que encabeza las listas de donación año tras año; se han puesto multitud de barreras para que los trasplantes se hagan con garantías. No hay ninguna retribución económica y el receptor no conoce la identidad del donante. En los casos de donante vivo (el más extendido es el ejemplo de la donación de un riñón); estos casos tienen que pasar por multitud de comités, tanto sanitarios como legales, para garantizar que no haya ningún interés oculto detrás de la donación, que se realice de forma totalmente altruista y sin ningún tipo de coacción.

Y a pesar de todas estas barreras… hay casos que siguen acabando en los juzgados. Recordarán el caso de Abidal en 2011. El jugador del F.C. Barcelona necesitaba un hígado desesperadamente. Un hígado que llegó de la mano de un donante vivo, un primo suyo (o no, aún no está claro). El trasplante se hizo con éxito y todos los medios del mundo los entrevistaron como una familia que estaba dispuesta a sacrificarse por los suyos sin pensar en nada más que en ayudar. Años después se descubriría que igual no era tan altruista como se pensaba, y aunque todavía no hay sentencia firme al respecto, un caso que en teoría había pasado todos los controles pertinentes para ser legal; sigue en los juzgados.

La falta de competencia en un campo sigue la fuerza de la gravedad: alguien o algo acaba cayendo y llenando ese vacío, incluidas las mafias

Para ir concluyendo y que el lector vaya reflexionando; ¿es tan descabellado pensar que esto pueda volver a repetirse si se abre este campo en la donación de órganos?

Sin faltar a la verdad, hay que decir que la “demanda” de úteros es mucho menor que la de riñones o hígados (o no, ya que como nunca se había podido hacer, no conocemos el alcance real de esto). Pero lo que es innegable, es que cuando se abre una puerta nueva, son muchos los que están dispuestos a ocupar el terreno vacío que ha aparecido y que no tiene ningún competidor.

Cuanto menos, creo que los colectivos que están en pugna constante por la gestación subrogada se deberían de pronunciar respecto a este nuevo campo que ya parece que se está convirtiendo en una realidad. Por coherencia, y por respeto a sus simpatizantes, tanto de unos como de otros.

Hemos dicho que la bioética estaba dedicada a promover los principios para la conducta más apropiada del ser humano con respecto a la vida. Y como muchos otros, tendrá que decidir sobre este tema. En un mundo en constante cambio y con avances que hace diez años nos parecían totalmente impensables, es capital que se dé una respuesta a los principios éticos y morales más básicos, se defiendan los derechos humanos y se respete la libertad.

Porque sin todo lo anterior, queridos lectores; los avances que se están produciendo serán tan útiles como un molino al que no se le lleva trigo; tan productivos como la mejor tierra de cultivo en la que no se siembran semillas; tan fructíferos como pescar en un mar sin peces.

Y es que sin moral y sin ética, nunca fuimos ni seremos nada.