SE PUEDE SER PATRIOTA SIN SER MONÁRQUICO

Por Davy Rodríguez

La monarquía parlamentaria es un régimen político, no la esencia de España. Por lo tanto, el español que ama a su país, el que trabaja para levantarlo, el que está dispuesto a defenderlo hasta las últimas consecuencias, no tiene porque ser necesariamente monárquico. Una república unitaria y presidencialista podría corresponderle a España incluso más que una monarquía donde únicamente prevalen los partidos políticos y no el amor a la patria.

¿POR QUÉ ADMIRAR A UN REGIMEN POLÍTICO?

La salida de España del Rey emérito dio lugar en las tertulias y en las redes sociales a unas reacciones desproporcionadas. El gobierno guerracivilista y sus bots bolivarianos volvieron a sacar la bandera de la Segunda República para reafirmar su oposición al régimen del 1978, mientras que la derecha virtual, la de las redes sociales, gritó su amor del V.E.R.D.E (Viva El Rey De España) cuando no había motivo de hacerlo.

La histeria colectiva respecto al régimen político de nuestra patria no es una cuestión de actualidad, es historia. Los pronunciamientos, golpes de estado e intentos de golpe son el centro de la historia española desde hace más de tres siglos. Los carlistas y los isabelinos, el golpe de Manuel Pavía, el fracaso de la Primera República, el pronunciamiento de Sagunto, el golpe de Miguel Primo de Rivera, las conspiraciones anarquistas, la Sanjurjada, el golpe del 1934, etc. Parece ser que al español le preocupa más la forma del régimen político que las políticas públicas en sí.

PREFERIMOS LA ESTÉTICA A LA ESENCIA

Al fin y al cabo, para la clase trabajadora empobrecida por el capitalismo financiero, para el autónomo que no puede sacar adelante su comercio o para el sanitario catalán que sufre los recortes de la Generalitat, la forma del régimen político en España debería tener menos importancia que las políticas públicas llevadas a cabo por la clase política.

Poco tiene que ver una monarquía de corte liberal con una monarquía absoluta, o una república socialista con una república aburguesada. En el fondo, el régimen no importa tanto. Lo que importa son las ideas, las convicciones y las prioridades que tienen los gobiernos. Por esa misma razón, existen patriotas republicanos o monárquicos, aunque también es verdad que la estética puede tener una influencia sobre la orientación de las políticas públicas, pero en menor medida.

LA INFLUENCIA DE LA JEFATURA DEL ESTADO

Cada pueblo tiene su forma de gobierno. Nos parecería imposible imaginar a los ingleses sin una monarquía liberal y parlamentaria, o a los franceses sin una república. España es hija de la Roma influenciada por Grecia y por lo tanto ha sido la cuna de una monarquía autoritaria que siempre intentó moderar la arrogancia aristocrática, por mucho que esos intentos hayan a veces fracasado. Esa forma de organización y de relación entre los poderes ha tenido una cierta influencia sobre las mentes españolas.

Por eso también se puede considerar que basar el ejercicio de la jefatura del estado sobre la herencia, es decir darle a la herencia un estatus más valorado que el mérito, valor que tiene como función de promover los talentos individuales, también tiene repercusiones sobre la sociedad.

La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.

Artículo 3 de la Constitución española de 1812

JUZGANDO LA HERENCIA

La herencia no es un valor negativo en sí. Por una parte, significa ser descendiente de una larga tradición, de una familia, ser heredero de una tierra o de un legado del pasado. La herencia puede significar tener raíces: ser de un pueblo muy particular, que no tiene equivalente en el mundo (nuestro pueblo siempre es más bonito que el de los demás).

Pero, por otra parte, también tiene un sentido negativo. Los economistas dirían que la herencia es la promoción del stock sobre el flujo. El valor cardinal de la monarquía sería entonces más bien la protección de ventajas y de posiciones de los insiders sobre les outsiders. Éstos también tienen padres y abuelos que participaron a levantar el país, pero desgraciadamente tienen que sufrir una desigualdad estructural en esta carrera, incluso antes de haber pisado la línea de partida.

Desde este planteamiento un patriota social puede y debe interrogarse sobre esos límites que conlleva el hecho de heredar la jefatura del estado.

Foto original sin cambio: PP MadridCC BY 2.0

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