“RESIGNIFICAR LA INSEGURIDAD”: LA IZQUIERDA FUCSIA ABANDONA AL PUEBLO

Por Jorge Rosán

En un artículo titulado «Resignificar la Inseguridad», la revista La Trivial ofreció una tribuna al relativismo liberal -supuestamente antiautoritario- para abordar este tema «desde una perspectiva transformadora» (sic). El resultado es típico de la izquierda posmoderna: prefiere atascarse en sus esquemas mentales y sus análisis irreales, en vez de proporcionar soluciones a problemas que sí existen. En esta respuesta, proponemos restablecer la verdad.

 

Robos con violencia. Apuñalamientos. Narcopisos. Drogas. Bandas batiéndose con machetes. Mafias tomando las calles. Este es el día a día en la ciudad de Barcelona. 

La Ciudad Condal sufre una crisis de seguridad y los medios están allí para contarlo. Pero, ¿para contarlo cómo? Llevamos varias semanas con noticias que inundan los informativos, de cualquier inquietud ideológica, sobre el aumento de la inseguridad en Barcelona, pero ¿se está profundizando en sus causas? Ante esta pregunta, se publicó un artículo de gran valor, con la valentía de intentar entrar en todos los rincones del problema, a diferencia del sensacionalismo variado de la prensa convencional. Pero hay íes sin puntos que queremos señalar. 

Los Mossos d’Esquadra han reconocido que la violencia está cada vez más presente en las calles de Barcelona, y no es cosa de una prensa sensacionalista que quiere triturar uno de los últimos “gobiernos del cambio” que sobreviven en el Reino de España, sino que son estadísticas contrastables. No hay forma de regatear las escandalosas cifras que tienen asustados tanto a los habitantes como a los visitantes de la ciudad. Solo los robos con violencia han aumentado un 30% este año, llegándose a perpetrar cerca de 25 robos violentos al día.

La significancia de las cifras no son dadas por las simpatías que despiertan sus responsables, sino por datos; y es que la ciudad de Barcelona es la más insegura de España, con cerca de 119,85 delitos por cada mil habitantes, muy alejada de la segunda ciudad más insegura del Estado. Parece que sí es significante, incluso en proporción de habitantes. Lo cierto es que Barcelona sufre una crisis de seguridad. El propio ayuntamiento de Colau admite la crisis, mientras algunos hacen malabares para argumentar lo indefendible.

Comparto análisis con quien entiende que el aumento de la delincuencia no es un simple problema estadístico dentro de una administración excesivamente burocrática, sino que atiende al conocimiento, al comprender las causas y a su posterior respuesta política. La intervención política ante la crisis no es neutra, pero tampoco los afectados lo son. Son siempre las clases más populares las que sufren la inseguridad en las calles.

LA INEFICACIA EN LA DISPUTA DE LA SEGURIDAD Y EL ORDEN

Cuando la izquierda posmarxista y sesentayochista, poco izquierda ya, se da cuenta de que los partidos neoliberales se adueñan de los conceptos de la seguridad y el orden social, intentan desarrollar una corriente crítica que disputara a las fuerzas dominantes esos conceptos y su sistema. Pero todo fue en vano. Acertaron cuando atendieron a que la cuestión de la seguridad era tratada por las fuerzas dominantes como un intento de definirla e identificarla, pero sin bucear en la realidad de los problemas sociales y laborales que facilitaban su ascenso. Esa “izquierda realista» era, en el fondo, ilusa y demasiado idealista. Por aquel entonces, el matrimonio entre una izquierda simpática y un capitalismo acelerado ya se había producido: a ella (la “izquierda”) le había seducido la facilidad con la que los llamados derechos de bragueta, el ensimismamiento del individuo y las políticas de identidad (políticas de diferenciación) se podían desarrollar en él; y a él (el capitalismo) le había seducido la facilidad con la que se podía conseguir la disolución del ethos común y la construcción de yoes puros, autodeterminados, con ella. Un matrimonio bien soldado. La destrucción de la eticidad social, lo comunitario, se había convertido en el objetivo de ambos, y se fundieron en el proyecto de la mundialización apátrida. 

Cuando en el año 2012 Venezuela atravesaba una crisis de seguridad ciudadana, el Presidente Chávez agarró el toro por los cuernos y admitió que solo las políticas sociales no bastan para responder al problema. Hay dos evidencias incuestionables que no contempla el matrimonio de la modernidad y que sí reconoció el dirigente venezolano, y es que no hay seguridad ciudadana sin una política justa y social y una ley dura que proteja a los que sufren en primera línea la inseguridad de las calles. 

La inseguridad viene agravada por los desajustes sociales que provocan el libre mercado y la desregulación creando una masa precaria, pero quienes atacan la cohesión social, en perjuicio de la estabilidad comunitaria, deberían de recibir una pena justa que ahuyentara y, si es necesario, expulsara a aquellos que pervierten los vínculos comunitarios.

BARCELONA, ¿QUÉ HA CAMBIADO?

La izquierda, cuando ya era poco izquierda, ponía parches al avance de un capitalismo cada vez más inhumano. La izquierda progresista actual, llamémosle fucsia, ya no pone ni siquiera parches al capitalismo acelerado, sino que dedica sus fuerzas a políticas que generan guerras horizontales de diferenciación entre la comunidad, y esto ya no supone ningún límite para un capitalismo que está encantado con deshacerse de cualquier enraizamiento comunitario. Existe una simbiosis entre una izquierda enamorada del proceso de la globalización y el capitalismo. La izquierda fucsia es incapaz de poner freno a la dinámica del capitalismo global, e incapaz de ofrecer protección a los trabajadores: ni en seguridad ciudadana, ni en condiciones laborales. La lucha neoliberal del “todos contra todos” encuentra un fiel amigo en las luchas horizontales de identidades del progresismo. 

Mientras los lacayos del sistema nos meten miedo con la llegada de una derecha envalentonada, se ha impuesto un totalitarismo mucho más preocupante del que esa izquierda blandengue no nos ha alertado. Hoy existe un sistema incuestionable y totalizador, homogeneizador: el neoliberalismo. Es tan amplio en ideas como en valores para absorber el variado campo ideológico que presentan las cámaras de representación, pero que ninguno pone en peligro su estabilidad. La estabilidad de un mercado global que somete a las naciones mediante la lógica apátrida del Dios Dinero y los movimientos especulativos. Una visión articulada y totalizadora impuesta de forma global. 

Cuando a la “periodista” Elisa Beni le preguntaron sobre su defensa desaforada de los delitos de los MENA, ésta respondió que “Lo he hecho y lo haré. Son niños. Son víctimas”. Esto no es una idea peregrina, es la visión del progresismo patrio. Se dice que la globalización hace lejano lo cercano y cercano lo lejano. Aquí está el ejemplo, una enamorada del proceso globalizador que defiende al delincuente foráneo antes que a la víctima local. Una izquierda fucsia que se vuelca con los derechos civiles en ausencia de los sociales. No es parte del discurso del odio, los españoles nunca han tenido reparos en repudiar al delincuente, por muy español y blanco que fuera. La ideología antirracista de la globalización sin fronteras no para de repetirnos que renunciemos a nuestra cultura para abrirnos al resto, consiguiendo la disolución de todas las culturas y convirtiéndonos en  entes vacíos y mismos; para ello nos debemos de arrepentir de ser lo que somos y culpabilizarnos de lo que otros son. Endofobia pura.

RESIGNIFICAR LA SEGURIDAD

Vivimos en sociedades caóticas, donde la dinámica globalizadora nos quiere homogeneizar para que todo sea lo mismo. En todos lados. Que nos convirtamos en yoes puros, emancipados de cualquier determinación; en consumidores desraizados, atomizados y desconfiados entre sí.  

Las fuerzas neoliberales no roban ningún discurso a la izquierda fucsia, es precisamente esta pseudo-izquierda la que se lo regala, e incluso favorece ese discurso. El neoliberalismo pretende la destrucción del Estado como frontera a la globalización, y que el mercado global sea el único soberano, despolitizado. Quieren disolver todos los vínculos comunitarios que ponen límites al avance del proceso globalizador. No habrá una alternativa soberanista que resignifique la seguridad si no consigue poner freno a esta dinámica.

Aristóteles decía que la comunidad no está constituida solamente por la identidad del lugar, por la abstención del daño recíproco y por la garantía de las relaciones comerciales. Aun siendo imprescindibles. No hay comunidad si no se garantiza la buena vida para las familias y las estirpes. Por tanto, quien no garantiza y protege a las familias, “el comunitarismo en su célula mínima”, está con el adversario. 

Foto sin cambio: Ted & Dani PercivalAttribution 2.0 Generic