«PORQUE SOY COMO EL ÁRBOL TALADO QUE RETOÑO: AÚN TENGO LA VIDA».

Quién me iba a decir que estos días de cuarentena iban a servir para poner tranquilidad en mi vida mientras observo la columna de libros no leídos que hay sobre la mesa de mi habitación… De fondo una canción que no puedo sacar de mi mente estos días… «Para la Libertad» de Serrat, con ella rinde tributo a ese genio noble en sus sueños, humilde en su carácter, caballero, poeta y guerrero… Miguel Hernández.

Se me viene a la mente esa noticia de la «eliminación» de unos versos del poeta de un monumento a la reconciliación de la guerra civil en Madrid… Esta noticia de hace unas semanas, cuando había vida más allá del Covid19 en los medios… Ha vuelto a mi mente ahora.

Emociona ese poema de Miguel Hernández, como muchos otros suyos… Se me hace imposible ponerle color o género a esos versos, creo que valen para todos… Además detrás de esos versos podemos poner dos piedras de futura mirada en donde esas cuencas vacías amanezcan como decía el poeta… Y más en estos tiempos tan duros que nos vienen con esta pandemia… Donde además tampoco sobra para esta situación actual el título que da nombre a este artículo y forma parte del famoso poema del autor.

Lo importante sobre Miguel sin duda es su obra, es lo que perdurará por siglos, pero esa obra esconde vivencias, las cuáles muchas de ellas fueron trágicas, como trágica fue su muerte, fría y solitaria, sin el calor fraternal de los suyos… Y pienso en mi interior… ¿Cuantas vivencias hubo así a lo largo y ancho de España en los dos bandos? O incluso en más de dos bandos… Porque muchos no tenían, ni querían ningún bando… muchos querían vivir en paz y respirar el aire de su libertad ¿No podría representar el poeta a todos ellos tan diferentes, pero a la vez tan iguales en sus ilustres y bonitas palabras? Las respuestas se la dejo a vosotros los lectores. Y recordar… «Aún tengo la vida».

 

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, «El hombre acecha» (1938-39)