PABLO CASADO: EL HERNÁNDEZ MANCHA PALENTINO

Por Pablo Barros

LA SUCESIÓN DE DON MANUEL FRAGA

Los que en edad nos vamos acercando a la cuarentena, tenemos vagos recuerdos de la política ochentera. Aquellos años pintados a día de hoy de color de rosa y plagados de supuesta “libertad y diversión” (la dura realidad era otra) estaban dominados en la Política Nacional por el omnipotente rodillo del Felipismo, que llegó a gobernar casi cualquier rincón de España. Frente a esta España gobernada por pana y progretas molones, estaba una oposición que quería, pero no podía. Su líder era el carismático Fraga (Don Manuel para muchos), un antiguo ministro de Franco de gran energía, gran formación pero con una limitación de apoyos condicionada por los estereotipos y un fuerte rival en estado de gracia, y al que todo le salía aparentemente bien.

Así pues, llegado 1986 y en vista que Fraga parecía incapaz de vencer a los socialistas, bastantes de sus colaboradores comenzaron a sugerirle un glorioso retiro (al derrocamiento directo no habría jamás “guevos”). Fraga no quería irse, pero sabía que no sacaría más. No había herederos con garantías, pero no faltaban voluntarios suficientes para querer ser jefecillos de la Diestra. No se veía un futuro claro en el horizonte Aliancista, pero en esto… apareció Antonio.

EL FRACASO DE ANTONIO HERNÁNDEZ MANCHA

El susodicho (Hernández Mancha) era el líder de AP en Andalucia y que venía de mejorar los resultados en las autonómicas. Joven y al alza, lo convencieron al pobre para que heredase a Don Manuel. Nadie creía que fuese el líder soñado ni nadie tenía pensado obedecerle ciegamente, pero con Fraga en retirada y unas cuantas pirañas queriendo morder poder pero sin dientes suficientes, decidieron poner a Antonio. No era el salvador de AP, pero sí el tabique de pladur que evitaba las puñaladas entre compañeros. Así pues, el pobre Antonio tuvo muy poco apoyo y si una legión de manipuladores y arribistas que intentaron utilizarlo para el medre y acaparamiento de poder. Harto de la situación, el nuevo líder aliancista se “tiró a la piscina” y plantó una Moción de Censura (término de moda en estos días) al todopoderoso Felipe. Fue su fin político, no tanto por el (previsible) resultado como por su desastrosa actuación. Al poco, Don Manuel volvió provisionalmente e intentó ordenar la sucesión.

LECCIONES PARA EL 2018

Dando un salto en el tiempo, nos situamos en verano de 2018. El PP acaba de abandonar el poder tras una Moción de Censura (otra vez el término) y Rajoy, ungido en 2003 por el sagrado dedo aznariano para dirigir los destinos del partido de la gaviota, decide irse a tomar el sol a Sangenjo y dejar al partido en una lucha de puñales y dosieres con muchos trapos sucios. El escenario era bastante aterrador: compañeros hambrientos de poder y barones regionales que van a lo suyo; corruptelas heredadas y odios internos.

Quien heredase iba a tener un marrón gordo delante y el “agraciado” en este caso no se llamaba Antonio ni provenía de Andalucia, sino Pablo y era de Palencia. El primer condicionante es que no viene el nuevo líder señalado por Fraga o Aznar, sino por una disputada lucha contra medio partido. Así pues, lejos de ser una fortaleza, es una debilidad el no ser elegido por dedo divino, cosa muy a notar para aquellos adalides de la “democracia interna”. Si a ello unimos unos predecesores en el cargo que quieren seguir influyendo, medio partido resentido por haber apoyado a Sorayita  y un poder territorial más preocupado por su cortijo que por la Política Nacional, vemos que el supuesto líder esta bastante maniatado.

Como tantas veces en la Historia, vemos que los hechos se repiten y eso llamado “Centroderecha” vuelve a tener un líder con poca autoridad, lo que le lleva a no ser fiable y su actuación tenga más que ver con el famoso baile de la Yenka que con una línea política coherente. Buena prueba la estamos teniendo con la negativa del PP a secundar la moción de censura propuesta por VOX para septiembre o el presumible acuerdo de renovación del CGPJ de la mano del PSOE (ese al que maldicen pero tienden la mano), sin descartar  un acuerdo presupuestario PP-PSOE. Aun así, el Gobierno les sacudirá mil y un palos en cuanto pueda, pero el pobre  Pablo dirá “sí bwana”. Mientras tanto, cuentan las malas lenguas que a Núñez Feijóo le ha salido un poquito de bigote como el de Aznar. Del pobre Hernández Mancha nunca más se supo, quien sabe si las riberas del Carrión tendrán más pronto que tarde algún vecino que no quiera saber nada de política.

Foto original sin cambio: PP Comunidad de MadridCC BY 2.0

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