Los padres protestan por la vuela al cole, o ¿quizás por la vuelta a la cárcel?

Viendo y oyendo los comentarios de los padres aterrados, horrorizados, indignados con la vuelta al colegio de sus hijos, no me queda otra que hacerme unas preguntas: ¿llevarán desde marzo esas criaturas encerradas en una escafandra?, ¿Llevan los padres un termómetro para medir la temperatura de todo aquel que se acerque a su hijo a menos de un radio de 1,5 m, o llevan un Pack de test rápidos en el bolsillo?, ¿No han pisado una piscina, playa, parque, restaurante, terraza, comidas familiares o con amigos, cumpleaños o algún evento?. Y si son adolescentes ya ni pregunto…

Las incoherencias del pueblo español son infinitas. Nos hemos visto privados de todos los derechos fundamentales. Nos han quitado la libertad de movimiento, de reunión, de trabajo, de visitar y enterrar a nuestros seres queridos, que nuestros niños vayan al colegio. Han cerrado miles de pequeñas empresas, muchas de ellas no podrán volver a abrir, miles y miles de españoles en ERTE sin saber si el final será o no un final feliz. Una caída histórica del PIB y continuará, y los españoles creen que protestar con el absentismo escolar de sus hijos, después de tres meses de vacaciones en los que no me equivoco si digo que han hecho lo que les ha dado la gana con prudencia, por convicción o para evitar multas, pero lo que les ha dado la gana, es una muestra de valerosa rebelión.

No protestan porque los niños parece que estén en Guantánamo en vez de en el recreo (los que tengan la mala suerte de ir al recreo). No protestan porque tienen que hacer algo tan insalubre como llevar desde bien pequeños una mascarilla hasta 6 y 8 horas diarias (tendrá consecuencias, desgraciadamente y no lo digo yo sólo, lo dicen desde la OMS hasta muchos médicos que se «atreven» a hablar).

No protestan porque a sus hijos no se les deja relacionarse con las otras «burbujas», sí señores, denominan burbujas a los subgrupos en los que, al menos en la CAM, han dividido las clases. No protestan porque las secuelas psicológicas del aislamiento puedan influir en el desarrollo de sus niños. No protestan porque los adolescentes tendrán, en muchos centros, días alternos presenciales (10 días de clase al mes), sin vídeollamada ni clases online desde casa porque los días que no van, los profesores están dando clase a las otras «burbujas», ¿quién va a controlar a esos chavales los días que no haya que asistir al centro?. Ni protestan por poner un aula de aislamiento en el protocolo covid en la que, si un profesor así lo considera, encierran a tu hijo llaman al 112 y luego te informan….

Protestan porque los niños vuelven al colegio. Supongo que esos padres que protestan se vestirán por las mañanas con un traje NBQ, no cogerán transporte público para ir a trabajar (al que le quede ese privilegio) y antes de entrar en casa se dará una ducha de seguridad con su EPI puesto y a hacer vida feliz y familiar.

Soy madre y comprendo la preocupación por los hijos pero después de tres meses de vacaciones en las que todo el mundo ha hecho una vida social, con prudencia, lo más normal posible, lo que no entiendo es cómo los padres no se echan las manos a la cabeza no porque sus hijos tengan que ir al colegio, sino por las condiciones en las que van a tener que estar en los centros durante tantas horas, sobre todo los pequeños. Miro al resto de Europa y veo a esos niños volviendo al colegio en la «antigua normalidad» y me dan ganas de salir corriendo de aquí.

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