LA PANDEMIA, SU CUARENTENA Y LAS CONSECUENCIAS

Por Pilar Arroyo

Si me pongo a reflexionar sobre lo que estamos viviendo estos días es muy probable que mis conclusiones nada tengan que ver con las de la mayoría. Compartiendo el dolor y la angustia  que tantos enfermos están padeciendo, al igual que las familias de los fallecidos, desde una perspectiva de alguien que lleva encerrada tres semanas con su familia en casa, lo que estamos viviendo no me gusta, no me gusta ni en superficie, ni en trasfondo.

Esto se asemeja más a una película futurista en la que después de «algo» surge una especie de estado totalitario tipo soviético, en el que nadie se mueve sin permiso, sin papeles, sin un certificado, que a la vida que hasta ahora conocíamos.
La policía y el ejército en la calle, vigilando, los vecinos increpando, a modo de comisarios políticos, a los que salimos a la calle a lo que tenemos permitido. Yo misma voy con el certificado de empadronamiento porque mi dirección del dni no se corresponde con la actual. Colas en las entradas de los supermercados y tiendas de alimentación .

Un Estado laico sin Misas, ni Vía Crucis en Cuaresma , ni Semana Santa.

Una sociedad triste e individualista sin contacto físico ni reuniones sociales.

Algo asi como los Juegos del Hambre pero a este lado de la pantalla.

Teorías conspiranoicas

No voy a entrar, porque simplemente no podría, en cuál es el origen de esta pandemia.
El chino que se tomó una sopa de murciélago e infectó al globo terráqueo. La creación de un virus para terminar con las «cargas sociales» que son nuestros mayores a quienes tanto debemos. La guerra tecnológica por el 5G que han empezado los chinos, o la han empezado los usakos… Un despiste en un laboratorio y se lió una pandemia… Qué más da si no nos vamos a enterar.

Sabemos que se está gestionando con improvisación

Sabemos que hay miles de muertos, sabemos que muchos miles de personas están saliendo de la enfermedad, sabemos que la gestión de nuestro Gobierno está siendo pésima. No se previó. No se compró material sanitario homologado, no de juguete, respiradores, test…
No se prohibieron mítines, manifestaciones y eventos deportivos que imagino, por sentido común, que hizo que los contagios crecieran exponencialmente. No se formó al personal sanitario para lo que podría venir. (Sin entrar a valorar el gran error de transferir las competencias sanitarias a las comunidades autónomas que demostrado queda que está siendo un caos, o los recortes en Sanidad porque daría para otro artículo y seguro que hay quien sabría mucho más de este tema).

Lo que no sabemos es la cantidad de contagios que hay, ni nunca lo sabremos. ¿Miles?, ¿cientos de miles?, ¿millones?… yo soy de la opinión (sin ser virologa, ni epidemióloga) al igual, para desgracia mía que los británicos, que somos millones los españoles que hemos estado, estamos, o estaremos infectados. Si el virus es tan contagioso y lleva meses con nosotros, lo raro sería que no fuera así.

El después

¿Qué pasará mañana cuando llevemos dos, tres meses sin actividad económica? A día de hoy se han superado las ochocientas mil bajas en afiliación de la seguridad social y nos queda un «rato» todavía de arresto domiciliario. La ruina va ser una locura. No sé quién se va a beneficiar de todo esto o sí pero siempre suena paranoico y oscuro. No sé si serán las grandes potencias, las élites financieras, o la madre del murciélago. Lo que si sé es que el pueblo pierde. Seguirá perdiendo nivel adquisitivo, negocios, empleos, derechos laborales, alegría y confianza. Habrá un antes y un después. Todo el mundo lo sabe pero nadie hace ni dice nada.

Estamos en casa, aterrorizados, encerrados y tristes. Por eso no me gusta lo que veo. No me gusta y me causa recelo y desconfianza. Pero eso sí, a las 20.00 tenemos una cita en los balcones.

Foto original sin cambio: CésarCC BY-SA 2.0