LA MÚSICA ALTERNATIVA ITALIANA: UN MODO DE PROTESTA

Por José Luis Orella

La música alternativa pretende regirse por sus propias normas para escapar del control del consumismo de las grandes compañías. También las letras de estos grupos escapan al discurso correcto, por la demanda de partes de la sociedad que no se ven representados en los grupos comerciales. Este tipo de música surgirá en Italia, cómo un canto de protesta contra el silencio europeo occidental ante la matanza realizada por los soviéticos contra los jóvenes rebeldes húngaros de 1956.

Ahí tendrá su origen la balada Budapest de Leo Valeriano, el pionero de los cantautores del mundo de los excluidos. Quien era un náufrago más, junto a Pino Tosca, Carmine Asunis, Massimo Forte  y Mario Polia. Diez años después, Pier Francesco Pingitore y Dimitri Gribanosky, director de televisión, compositor y fundador de Castellacci del Bagaglino, el primero; y músico y compositor el segundo, compondran Avanti ragazzi di Buda, avanti ragazzi di Pest en 1966. Pier Francesco Pingitore será el gran renovador del cabaret italiano. 

La época de oro

Sin embargo, será la década de los setenta la que haga aparecer una serie de grupos que quedarán en la historia de la música alternativa italiana. Los primeros serán los romanos de NCP, los veroneses de ZPM, los paduanos de la Compagnia dell’Anello y los milaneses de Amici del Vento. También el grupo exclusivamente femenino de Éowin. Los milaneses y paduanos serán los que conseguirán mayor relevancia. Los primeros aparecieron en 1975 y los segundos en 1977, quienes se harán famosos por su il domani appartiene a noi. No obstante, su discurso comprometido con las víctimas de los años de plomo y su profundo anticomunismo les hará hacerse un hueco social, al dedicar una canción al estudiante checoslovaco, Jan Palach, el joven estudiante de filosofía de la Universidad de Karlova en Praga, quién se quemó a lo bonzo el 16 de enero de 1969, en protesta por la invasión soviética de Checoslovaquia. Otra canción será dedicada a Alain Escoffier, quién se también se quemó a lo bonzo en París en 1977, como protesta contra el comunismo. 

Estos grupos tuvieron el problema de ser boicoteados y atacados por la extrema izquierda comunista, pero consiguieron una gran popularidad y salir de la marginalidad gracias al apoyo de las radios alternativas locales, que les dio a conocer en los ámbitos juveniles populares. Otro modo de darse a conocer serán los Campamento Hobbit, organizados por los sectores juveniles del MSI, en 1977, 1978 y 1980. En el primero es donde surgirá La Compagnia dell’anello, tomando prestado su nombre de la novela homónima de JRR Tolkien, como el grupo de chicas hizo lo propio con Éowin. 

Movimientos hermanos

El éxito italiano se debía al arropamiento social que proporcionaba el espacio político, social y cultural surgido en torno al espectro del MSI. En Francia, uno de los pioneros será el cantautor y político, Jack Marchal, quién había participado en conciertos en Italia. Sin embargo, no será hasta la década de los noventa, cuando surjan los grupos suficientes para dar nombre al rock identitario francés. Los primeros Vae Victis y Fraction Hexagone, quienes intentarán repetir el éxito, exaltando en sus canciones la figura de Sébastien Deyzieu, muerto por la policía en 1994, al disolver una manifestación del GUD y JNR. La expansión del espacio social a través de las victorias políticas del FN ha favorecido el éxito de estos grupos. 

El discurso de la música

El discurso cultural que inspira mucha de esta música va en paralelo a las ideas fuerzas políticas. La reivindicación de una sociedad comunitaria, igualitaria social, basada en el trabajo y donde la religión y las costumbres construían las redes sociales de las cuales surgía la identidad de una comunidad. Esta aspiración es la que trae la búsqueda nostálgica de una música neofolk con raíces medievales, y que ha tomado fuerza con la música celta. El amor por lo local, el enraizamiento con el lugar de origen de nuestros mayores, proporciona una seguridad ante la liquidez globalizadora que vive el presente y usa a la persona como un producto de consumo perecedero. La música es otro instrumento cultural en la recuperación de nuestras comunidades. 


Foto original sin cambio: Ultimafrontiera82CC BY-SA 3.0