La Almudena, la defensa ante la invasión del Islam

Por Alberto Grasa

Celebramos los madrileños a Nuestra Señora de la Almudena el 9 de noviembre. Patrona de Madrid, es también uno de los símbolos más fuertes de la Historia y los Hechos que han formado nuestro carácter, no solo el de los madrileños, si no el de todos los españoles.

La maravillosa Historia de España cuenta que la pequeña ciudad hispanorromana, visigoda, de Mayrit o Matrice, es invadida, como el resto de Hispania, por las hordas africanas y semitas musulmanas, gracias a la debilidad de un Reino Visigodo de Toledo afectado por la enfermedad de la degeneración de la cultura clásica europea, en la que llevábamos 300 años. Esa caída que empezó afectando a lo que era el Imperio Romano, ocasionado por las luchas internas por el poder, la degeneración de nuestra cultura clásica y los movimientos migratorios de los europeos del norte y el este, empujados por bárbaros asiáticos. Y es que, a pesar de tener por fin unificado el país más lógico de toda Europa, el que desde el Estrecho llega al Pirineo, y de Barcelona a Lisboa, con historia, raza y religión comunes; tres siglos de enfrentamientos internos ayudaron a fijar un gen cainita en nuestros cromosomas, de modo que se llegó a pedir y ayudar a los invasores musulmanes desde una parte de la población, que contaron también con la ayuda de los hebreos radicados en Hispania. Esperemos no estar en el mismo punto, trece siglos después.

El Madrid visigodo contaba con un Templo dedicado a la Virgen María, ya que San Ildefonso de Toledo había impulsado desde la capital el Culto Mariano en el s. VII, y llegó en poco tiempo a la cercana Madrid. El Templo, la Iglesia dedicada a la Virgen, no estaba en el vallecito donde se juntaban los arroyos, en la actual calle de Segovia (Matrice, Mayrit, cauces de arroyos, en árabe hubiese sido wadi o guadi, como el Guadiana o Guadalquivir), sino en el alto de al lado, justo donde hoy está el cruce entre la calle Mayor y Bailén, aproximadamente en la finca del nº88 de la Calle Mayor. 

Poco tiempo después de la invasión, los moros se asientan en las tierras más ricas del sur y levante de España, y la resistencia de los autóctonos se organiza en el norte cantábrico. Entre medias quedó la «terra nullius» del Valle del Duero, donde fieras y matorrales ocupaban las viejas ciudades hispanas, y se creaba la Extremadura Castellana. Y donde se asientan los moros, siguen haciendo lo mismo que desde que salieron de la Península Arábiga, unos, y de los riscos del Magreb, otros: No teniendo en su acervo cultural la arquitectura (aparte del resto de las ciencias y letras), copian y se ponen encima del legado de lo que invaden.

En Madrid plantan sobre la iglesia su mezquita, y aprovechan el muro como parte de su al-mudayna, la ciudadela que vigilaba, junto con la Torre de los Lodones y Alcalá la Vieja, entre otras, las posibles incursiones de los legítimos dueños de Hispania desde el norte hacia Toledo, a través de las montañas del Sistema Central. Por eso en el sur de Hispania casi no se encuentran hoy restos romanos o visigodos sin que los moros pusiesen encima su construcción, como le pasó, por ejemplo, a la Basílica de San Vicente Mártir en Córdoba, a la que le plantaron encima la mezquita con arcos de herradura copiados del templo cristiano, caso que se repitió en todo el sur y levante hispano.

Tras más de 300 años de usurpación, Alfonso VI libera Toledo, y de camino, Madrid. Los mozárabes madrileños, entre los que se encontraba un niño que sería canonizado como San Isidro Labrador, recuerdan la historia que se ha ido transmitiendo de padres a hijos, la de una Imagen de la Virgen escondida en los muros de la al-mudayna, donde estuvo la iglesia, y que ahora aplasta la mezquita. Seguramente sabían a ciencia cierta donde buscarla, y no hizo falta, como cuenta la leyenda, recurrir a una procesión para que cayesen los muros y saliese la Imagen. La Iglesia de la Virgen se limpia de los pegotes que la convertían en mezquita, y vuelve a ser un templo cristiano, que a lo largo de los años sufre tantas remodelaciones que sólo mantiene de original el nombre, Santa María la Mayor de la Almudena. Finalmente, en el ambiente liberal de la Primera República, se derriba la iglesia, para dar anchura a las calles Mayor y Bailén.

Hoy, en 2020, a 200 metros de donde estuvo esta iglesia, el pavimento lleva 2 años levantado porque se encontraron restos de las caballerizas del Alcázar de Madrid, pero de la búsqueda de la Almudena visigoda no hay nada. Junto al solar de la antigua cárcel de Carabanchel y en la Casa de Campo, cerca, hay restos de villas romanas, y también cerca, en Vicálvaro, uno de los mayores cementerios visigodos que existen se pudre al aire sin protección alguna, esperando que construyan pisos encima… sin embargo, los cuatro ladrillos que quedan de la fortificación musulmana están más que estudiados, señalizados y hasta dan nombre al parque aledaño, Emir Mohamed, el que aplastó la población original con un asentamiento militar en el siglo IX. Es curioso que esté vedado buscar algo anterior a la invasión musulmana en Madrid; de hecho, cuando se encontró un enterramiento visigodo junto a la Almudena, durante las obras del Museo de las Colecciones Reales, hace una década, se acabó apartando y olvidando.

La razón es evidente: La progresía, apoyada por la izquierda y tolerada por la derecha, en su infinito analfabetismo endófobo, ha decidido que Madrid es una creación musulmana. Harán coger cuerpo a la mentira hasta que parezca que los invasores somos los autóctonos, a no ser que, como buenos muladíes, nos convirtamos al islam o paguemos la yizia por ser apestados occidentales.

Y es que, en la descalabrada cosmovisión progre, para aborrecer de la raza blanca, occidental, de la cultura europea, creadora de la Civilización e inventora de la mayoría de los adelantos técnicos, sociales y políticos que han dado lugar al actual bienestar, se pretende pasar la paternidad de todo avance científico y cultural a un grupo de camelleros, cuya suerte fue la de expandirse en los tiempos de la caída de Occidente y aprender de sus restos a la vez que los iban invadiendo.

Por eso es tan importante recuperar todo lo que significa la Almudena y su pasado anterior a la invasión musulmana, porque nuestros antepasados, en unos tiempos que, tristemente, cada vez se parecen más a los actuales, escondieron y salvaron parte de la Historia real en un muro, en forma de estatua de Maria, para que su descendencia la recuperase en tiempos mejores.