HOY ES SANTIAGO, NUESTRO PATRÓN

El 25 de julio se celebra la fiesta del Apóstol Santiago, patrón de España y grito de valor de la Reconquista. 

Santiago es la voluntad del pueblo español de negarse a desaparecer. Es la respuesta de nuestros antepasados, arrinconados en el noroeste peninsular, rodeados por el despoblado del valle del Duero, a un lado de Europa, de la que les aísla la horda semita invasora. Es la negación a tener que pagarles un tributo a esos invasores y enfrentarse a ellos en inferioridad numérica, en la batalla de Clavijo. Y desde ahí, ir recuperando nuestro territorio patrio, hasta llegar a los límites tardorromanos de Ceuta y Melilla, heredadas de los Vándalos.

Santiago es la llamada de España al resto de sus hermanos europeos, creando un Camino de peregrinación que los atraiga y nos de a conocer, diciéndoles que todavía existimos, que no nos han asesinado a todos, que algunos han hecho frente al musulmán en las montañas. Que vengan a ver como no todos los españoles se han mezclado o sometido en los territorios invadidos, no todos son muladíes. La mayoría son mozárabes que en cuanto pueden escapan a territorio no invadido o ayudan a recuperar el suyo.

Santiago es el resumen, en una sola palabra, de que la entidad racial, social, cultural del pueblo europeo que ocupa la Península Ibérica es invencible, y aunque caiga, se levanta. Tarde unos pocos años o setecientos.

Santiago es de nuevo el grito de ánimo para los que hoy, ante los embates de la globalización, la invasión multicolor de musulmanes acompañados por el resto de alóctonos a nuestro territorio, la debilidad mental de muchos de sus propios compatriotas, abducidos por la falsa progresía, se han vuelto a subir a las montañas, como hicieron sus antepasados, negándose a pagar tributos al nuevo moro invasor por ser quienes son y no hacerse muladíes. Esos españoles que hoy deciden volver a HACER NACIÓN, sobre las ruinas que han dejado en España los últimos dos siglos de luchas políticas y adoraciones a la inmigración que nos pretende diluir. Nueva, pero con la base eterna de España, como ya se hizo hace mil años.  

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