HAY VIDA, ENFERMEDAD Y MUERTE MÁS ALLÁ DEL COVID-19

Por Pilar Arroyo

No, señores, no soy viróloga, ni conspiranoica, ni sacerdotista de la Nueva Normalidad. Sólo una persona con estudios superiores en Sanidad (para dar un poco más de profesionalidad a mi opinión) y, sobre todo, alguien a quien le gusta utilizar el sentido común.

Encender la televisión significa «covificarte». Es impresionante, «usa la mascarilla, sé responsable, los sanitarios te necesitan, usa gel, no te reúnas con mucha gente, guarda la distancia social, abre la puerta a tus invitados (si cometes la torpeza de tenerlos) con mascarilla y siéntalos separados», a todas horas en todas las cadenas.

De acuerdo, hubo un tremendo colapso en la sanidad española debido a un virus nuevo y al pánico desatado, y no había manos para diagnosticar, cuidar, tratar, asistir y hacer autopsias a toda aquella aglomeración de personas enfermas y fallecidas, con o sin covid.

¿No echáis de menos en las noticias de verano los otros fallecidos? ¿Somos todos inmortales a menos que, como en el clásico de Christopher Lambert, el coronavirus de moda te corte la cabeza? ¿En qué momento de las noticias de verano hablan de los fallecidos en accidentes de tráfico, abuelillos muertos por deshidratación y por las altas temperaturas, niños y adultos ahogados en piscinas o arrastrados por las mareas traicioneras de nuestras playas?

LA «DESESCALADA»

Recuerdo perfectamente el día que nos dejaron salir, sí como en el recreo, después de tres meses de encerramiento, donde la paciencia fue la virtud que más trabajamos, después de ver enfermedad pánico y muerte. Los españoles salimos a la calle un dos de mayo. Y, haciendo homenaje a la fecha los madrileños tomaron literalmente las calles. Literalmente.

El destino de los españoles de cada Comunidad Autónoma estaba en manos de «un prestigioso equipo multidisciplinar de científicos que formaba EL COMITÉ DE EXPERTOS», y dóciles y obedientes como esos niños que algunos tienen la suerte de tener, los españoles miraban las noticias a ver si EL COMITÉ les había pasado de fase… Confieso que no tengo palabras para calificar esto sin caer en algún delito.

LAS CONSECUENCIAS: ¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

Los talibanes de la máscara y del encierro gritaban a los cuatro vientos las horribles consecuencias de aquella irresponsabilidad: las calles abarrotadas, los parques tan llenos de gente que los tuvieron que cerrar y todos aquellos que salían a los parques tomaban las aceras con el resto.

Los talibanes de la máscara seguían gritando, la población madrileña iba a mermar en 15 días. Mucha gente vivía y vive aterrorizada. El miedo es libre e irracional.

Han pasado 3 meses y sí, ahora sólo oímos hablar de los «rebrotes de asintomáticos». Han pasado 3 meses de aglomeración en las calles, muchos sin mascarillas y días después las terrazas llenas (donde nadie la lleva), han pasado tres meses y aquella presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid que amenazaba al megalómano que gobierna España, con la cacerolada más grande de la historia, impone con el apoyo del resto de los partidos que conforman el Gobierno madrileño, unas medidas que atentan contra la libertad del hombre, al igual que lo hizo el inquilino de la Moncloa…

Brotes de asintomáticos, nos dicen, pero la población madrileña (y hablo de ella porque es donde vivo y donde más se ha cebado la mala gestión de la crisis) la población madrileña no se ha diezmado.

Hace unos días, decenas de miles de personas protestaban, en Berlín, contra este tipo de medidas, ocupando las calles sin distancia social ni mascarillas. El sentido común oficialista nos dice que en en una semana Berlín será un caos de muerte y enfermedad. Sólo nos quedan unos días para comprobar si será así.

La verdadera consecuencia es que el terror al «rebrote de asintomáticos», hoy, será la miseria y la ruina de miles de familias, mañana.

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