Grecia nos recuerda que seguimos existiendo.

Por Lawrence

En estos momentos, Grecia y Turquía se encuentran en pleno conflicto militar y diplomático debido a que el país turco reclama como suyos yacimientos petrolíferos en aguas griegas y chipriotas. Esta nueva ofensiva se enmarca en una línea que podríamos calificar como neotomana implementada por Tayyip Erdogan, quien al mismo tiempo está reislamizando el país y utilizando a sus compatriotas residentes en la Unión Europea como agentes diplomáticos, bien sea animándoles a causar disturbios o a tener familias numerosas para intervenir decisivamente en el resultado de las elecciones.

Si bien los griegos no son ajenos a la voluntad expansionista de sus vecinos – quienes presionan al país heleno enviando centenares de refugiados a sus fronteras y chantajean a la Unión Europea para «contener» la entrada de millones de inmigrantes – en España, que inevitablemente se encontrará en una situación parecida con Marruecos así como en otros países de Europa occidental, la etapa de paz tras la II Guerra Mundial parece haberse convertido en un coma inducido creador de europeos totalmente ingenuos, que por no ser conscientes de pertenecer a una nación y a una civilización ignoran el hecho de tener frente a sí a un enemigo con fe y voluntad conquistadora.

La historia está llena de momentos en que un hecho aparentemente intrascendente se convierte en un mito capaz de movilizar a toda una nación, quizás una amenaza real en forma de conflicto sea lo que haga despertar, como una descarga eléctrica a un paciente en shock, a millones de ciudadanos carentes de sentimiento de pertenencia a una religión, un país y una civilización, quizás sea Grecia, otra vez Grecia – en agosto o septiembre del 480 a. C. tuvo lugar la Batalla de las Termópilas – quien nos recuerde que existimos y debemos seguir haciéndolo.

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