GRECIA: LA CLAVE MEDITERRÁNEA DEL NUEVO PODER TURCO

Turquía ha vivido en los últimos años una transición producto de una nueva línea de estado a nivel interno y externo. Socialmente esto ha implicado una reislamización de la sociedad turca, laica desde las reformas de Mustafá Kemal en los años veinte, y un mayor intervencionismo en los asuntos regionales.

LA LABOR OTOMANISTA DE ERDOGAN

Turquía estuvo encapsulada entre la Yugoslavia, Albania y URSS comunista y laica que copaban sus zonas de influencia natural. Es Itzetbegovic en Bosnia durante los años noventa el primer síntoma de la nueva visión turca ya que la intervención de Ankara en Chipre durante los setenta (y hasta ahora con un estado títere en la isla) fue la defensa de una comunidad túrquica.

El panturquismo que pregona Erdogan se basa en el liderazgo turco frente a la comunidad de estados túrquicos (Uzbekistán, Kazajistán, Turkmenistán, Azerbaiyán etc…) siendo muy estrecha la relación Ankara-Bakú que, incluso, ha dado lugar a una doctrina propia: la de «dos estados para una nación«. Esta teoría ha hecho que Turquía haya obtenido una influencia creciente en las regiones túrquicas del centro de Asia y entre comunidades turcomanas de Oriente Medio a las que ha armado.

Junto a esto el neotomanismo; el salto geopolítico para lograr influencias determinantes en las viejas regiones del imperio otomano: muy importante la labor otomanista en el Cáucaso pero, sobre todo, en los Balcanes donde la influencia turca en Bosnia o Albania es incontestable. Este otomanismo busca identificar a las capas sociales postotomanas y a los antiotomanos para obtener influencia sobre unos agitando políticas externas de enfrentamiento frente a los otros. Recordemos el enfrentamiento hace pocas semanas con armenios y, ahora, con griegos.

Libia es un claro ejemplo de influencia neotomana pero, junto a esto, también ha realizado una amplia labor mediática de promoción otomanista a través de la religión, basada en los principios de los Hermanos Musulmanes pero bajo el prisma y liderazgo turco. Su gran rival ideológico en este campo es el salafismo y el wahabismo saudí. Turquía ofrece un modelo de civilización basado en el Islam que se está imponiendo con relativa calma y que no significa una ruptura ni con los principios socioculturales de los que aceptan estos principios ni, tampoco, un aumento de la violencia.

Va más allá del mero modelo saudí, bastante violento y que no ha conseguido ninguno de sus objetivos. Sin embargo la tensión interna en Turquía por las cuestiones kurdas, la brutal crisis económica que está devaluado a la Lira turca y los choques entre los kemalistas sociales (ya que los institucionales fueron ya purgados del aparato del estado, universidades etc…) ha hecho que Erdogan haya llevado a cabo operaciones sociales que sólo les está perjudicando.

La reconversión de la Catedral Ortodoxa de Santa Sofía de museo a mezquita de nuevo es un claro ejemplo del intento de Erdogan por reforzar una figura cuya popularidad está cayendo, sobre todo por el hartazgo de la sociedad turca por sus maneras autoritarias, cada vez más visibles y la espiral de conflictos en los que se ha implicado.

EL CONFLICTO CON GRECIA

El conflicto con Grecia tiene que ver con aguas jurisdiccionales y las refriegas propias entre potencias vecinas enfrentadas, sin embargo va más allá. Turquía reclamó las aguas jurisdiccionales entre su país y Libia a fin de tener un paso legal desde donde implantar milicianos en el país norteafricano y, de paso, parar el proyecto EastMed por el cual Israel exportaría gas natural a Europa a través de un gasoducto que implica directamente a Chipre y Grecia junto con Israel. 

Este acuerdo a tres implicaría un movimiento estratégico que Turquía no puede permitirse ya que significaría la creación de una entente económica y geopolítica que uniría a Tel Aviv con Nicosia y Atenas, sus tres grandes enemigos en el Mediterráneo Oriental. Al mismo tiempo, Erdogan tiene en Egipto otro gran rival regional que ve en Turquía una autentica amenaza.

La entrada del buque de prospección turco escoltado por la armada y la aparición de helicópteros turcos sobre islas griegas deja muy claro que Erdogan no sólo necesita calentar la zona para desviar la atención dentro de su país sobre la mala situación interna sino que necesita parar los movimientos tanto de la UE como de potencias regionales enfrentadas al poder turco y es que los movimientos de Rusia e Irán en Siria y de Israel, Chipre y Grecia junto con la oposición de Egipto a cualquier presencia de Turquía en la zona puede crear un cordón que oprima las ansias de expansión turca en el Mediterráneo Oriental.

Sobre todo porque la visión turca no entiende el Mediterráneo oriental sin el control sobre Siria, Libia-Egipto-Chipre y los Balcanes, de ahí la beligerancia turca de estos últimos días con Grecia, es un eslabón necesario para reforzar su cadena en Libia.

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