ESTADO DE PARTIDOS CONTRA LA DEMOCRACIA

La repetición de elecciones se acerca y con ella el discurso que llama al voto en favor de la “gobernabilidad” y la “estabilidad”. Pero, ¿la estabilidad de qué o de quién?

Los partidos son maquinarias que atienden a sus propios intereses particulares, cuyo único fin es la maximización de los beneficios partidistas hasta el límite posible; y para ello generan crispación entre sus adeptos mediante discursos vacuos y cínicos que incendian el ánimo y no dejan voz a la justicia y la verdad.

La representación política no existe, es una falacia. El demos no tiene el poder, son los propios partidos quienes ostentan el poder de hacer con los votos lo que se les antoje. No es el soberano quien exige y da instrucciones a los dirigentes, sino que son los dirigentes de los partidos quienes exigen a sus siervos, los votantes. Los partidos han usurpado el poder: no les ata ninguna promesa electoral y los falsos representantes pueden desoír a sus representados, incluso insultarles.

NO HAY DEMOCRACIA

No habrá democracia hasta que el poder lo tenga el pueblo, hasta que ese pueblo pueda exigir a sus representantes y no esté limitado por un voto anulado por su propia naturaleza, que no vincula en nada al representante con el representado. Decía, pues, que no habrá democracia hasta que se cumpla con una separación y división de poderes efectiva, donde los partidos no puedan partir y repartir el poder. Con listas impuestas y cerradas no cabe alteración posible, y el voto simplemente es un cheque en blanco que otorga al partido total libertad para disponer de él como apetezca.

Un sistema donde el elegido no responde ante el elector, para obedecer a los poderes del dinero, no es un sistema democrático.

PARTIDOCRACIA

La partidocracia, mediante la obsesión del partido por la hegemonía social e ideológica, lleva al totalitarismo, como llevó en el siglo pasado. La reorganización de Europa tras la Segunda Guerra Mundial estaba en manos de los norteamericanos. EEUU disponía de una Europa que aún humeaba, para recomponer sus parlamentos ante el miedo al fantasma del comunismo. Optó por la eficaz partidocracia con el objetivo de controlar los nuevos regímenes que evitaran la expansión soviética y gestionaran el recién creado Plan Marshall. Sabían que no se constituían como auténticas democracias, pero servían a los intereses de los EEUU en el continente.

En España los partidos son Estado y Nación, apenas se les distingue. La partidocracia no es la degeneración de una democracia imperfecta, es precisamente el régimen implantado por la propia Constitución, mediante un consenso impuesto. Para la Constitución la participación política pasa necesariamente por la participación en un partido. En España no hay democracia, no hay libertad política. Acabar con la partidocracia pasa por no participar en ella, abstenerse.

Foto sin cambio: JaviCC BY-SA 2.0