ELECCIONES GALLEGAS: VUELVEN LAS URNAS A LA TIERRA DONDE NADA PASA (APARENTEMENTE).

Por Pablo Barros

Después del obligado parón de toda actividad por culpa de esta pandemia que ya parece como un miembro más de nuestra cotidiana realidad, se celebrarán finalmente las elecciones en nuestra “Taifa” autonómica el próximo 12 de Julio. Tenemos fama los gallegos de ser poseedores de unas características que nos hacen fácilmente caer en el estereotipo. Así, en el caso de la política, se cree que Galicia es una región conservadora y con poco gusto a los cambios. Ciertamente, esta afirmación tiene muchos argumentos para considerarse cierta, aunque un análisis pormenorizado de los diferentes comicios matizaría mucho esta imagen. Ahora, recién iniciada la campaña, vamos a intentar intuir por dónde  pueden “ir los tiros” el próximo día 12. Estos meses han dado oportunidad a las diferentes fuerzas políticas a posicionarse y ello seguramente tenga consecuencias en las urnas. Veamos pues como le puede ir a los diferentes participantes:

PP: El “bicho” refuerza a Feijóo

En las semanas anteriores a las aplazadas elecciones del 5 de abril se veía la batalla electoral del PP gallego como una tarea de resistencia hasta la última urna del último colegio electoral de la geografía gallega. Nadie dudaba de la fama como gestor de Feijóo, pero los 11 años en el poder desgastan y aburren. Si a ello unías una oposición a la que le sonreían las sinergias desde Madrid y una derecha donde crecía con fuerza la competencia, hacía que el nerviosismo apareciese ente la fontanería pepera.

Pero en esto llegó el “bicho” y Feijóo se puso a dirigir. Se movió antes que los merluzos de Moncloa y con más acierto; cuando desde el Gobierno se debatía si cerraban o no instalaciones , Feijóo echo el candado; cuando el Gobierno regateaba miserablemente la compra de material en China, el “popular” con la inestimable colaboración de Amancio entre otros, compró material sanitario en cantidades ingentes; mientras el marido de Begoña aburría al personal con sus egocentrismos televisivos, Alberto daba cuenta todos los viernes  de nuevas medidas sociales y sanitarias. Por último, cuando Illa, Simón y sus mendrugos debatían cómo y cuándo empezar con los test, en Galicia se llevaban  hechos unos cuantos miles. Todo eso suma y convence, lo que unido a una cifra de fallecidos muy inferior a la media nacional, hace que las perspectivas de repetir o incluso de sacar resultados parecidos a los de los mejores años del fraguismo  se disparen. De momento, ninguna encuesta le da la pérdida de la mayoría absoluta, veremos cómo discurre el día a día.

PSOE: El “Sobrinísimo” huele el batacazo

La historia del PSdeG-PSOE en los comicios autonómico es la del “pupas”. Desde batacazos históricos a pérdidas del poder imprevistas, las lágrimas han sido algo habitual en las noches electorales de la sociatería galaica. Siempre que el PSOE ha conseguido algo en este húmedo noroeste ha sido arrastrado por los vientos favorables de Madrid, tal y como pasó en los 80 o en la etapa Touriño, y en este lugar podría darse el caso de un buen resultado de la mano del Gobierno Social-Comunista. Todo ello a pesar de presentar un candidato desconocido fuera del ámbito de Vigo y bastante mediocre. En este caso, el PSOE no presentaba a un antiguo subsecretario de Estado como  Touriño, ni a un alcalde muy votado como Pachi Vázquez ni siquiera un experimentado diputado como Leiceaga.

Presenta simplemente al sobrino del alcalde de Vigo, rescatando esa vieja costumbre del nepotismo, como fórmula para enchufar a parientes a los que la vida no ha sonreído. Lo cierto, es que de Gonzalo Caballero sólo se conoce su deambular por la Facultad de Económicas de la Universidad de Vigo y su relación amor-odio con su tío Abel. Este último planeo el asalto al Palacio de San Caetano por la vía familiar, animado por su incontestable poder municipal  en Vigo y el éxito en la “colonización” de la diputación de Pontevedra con su amiga Carmela Silva. Mucho me temo que en la noche del 12 de julio, la saga de los Caballero se acordarán de los difuntos de Pedro, Pablo y compañía.

BNG: El muerto resucitado

En las semanas anteriores a las últimas elecciones de 2016, un fuerte olor a cadáver rondaba sobre el BNG, dividido en luchas internas, sin líder carismático como Beiras o incluso Quintana y saqueado electoralmente por Podemos. El panorama pintaba muy negro para la organización frentista. Muchos hubiésemos bailado sobre su tumba en el caso de haberse producido el deceso, pero quiso el resultado electoral que la muerte no se produjo, aunque sí quedó maltrecha la salud del enfermo. Poco a poco, Ana Pontón se consolidó como jefa de la tribu bajo el amparo del espíritu soviético de la UPG. Sus competidores por el electorado a la izquierda del PSOE estallaron en mil pedazos y como guinda, volvieron al Congreso de los Diputados. Cuatro años después, el panorama pinta mucho mejor, aunque no parece a priori que se pueda llevar el segundo puesto ni siquiera, alcanzar su techo obtenido allá por finales de los 90.

Podemos: Sálvese quien pueda

En Galicia nunca han gustado las novedades electorales. Si uno se fija desde 1977 como ha sido el comportamiento del electoral, las papeletas se han decantado en tres sectores : Derecha (sea ésta UCD, AP o PP), el magullado PSOE y el Nacionalismo (BNPG, EG, CG o BNG). El PCE-IU fue siempre marginal desde el fin de la transición. Experiencias como el CDS se alimentaron de unos escasos restos de los abundantes despojos de la UCD galaica; UPyD nunca existió y Cs se limitó a dos diputados efímeros y unos pocos concejales. La aparición del entorno podemita suscitó un importante éxito electoral en las elecciones municipales de 2015 conquistando las alcaldías de La Coruña, Santiago de Compostela y Ferrol.

Este avance se vio avalado en las Generales de Diciembre con 6 escaños y siendo la segunda fuerza. Parecía que esa vieja aspiración de la una importante parte de la izquierda gallega de unir todo más allá del PSOE y una porción del nacionalismo para captar un electorado del BNG al que le importaba poco lo identitario y mucho lo social, podría fructificar. Las elecciones autonómicas de 2016 dieron unos nada despreciables 14 escaños a la coalición, pero enseguida el barco empezó a naufragar. Se fue su candidato Luís Villares y las tensiones entre podemitas, Izquierda unida y nacionalistas fueron muy fuertes, terminando por romper el grupo en dos (podemitas y En Marea). A ello se unió una desastrosa gestión municipal, quizá la peor de todo el podemismo municipal. Eso unido al mal augurio que se huele desde Madrid, hace que las perspectivas electorales sean desastrosas . Una vez más, Galicia es reacia a los experimentos extraños.

VOX: Debilidad en tierra hostil

Mucho se ha hablado de la nula capacidad de penetración que ha tenido VOX en Galicia. Cierto es que se quedó cerca en Noviembre de sacar un diputado por La Coruña, pero la incapacidad de obtener un solo concejal y unos resultados muy por debajo de la media nacional, indica que algo no funciona en los verdes gallegos. Se ha dicho por algunos “ilustrados” de los medios de “centroderecha” que es el rechazo al autonomismo lo que frena a VOX en estas tierras. Yo sinceramente no creo que en Galicia haya mayor apego al poder político de Santiago que en otras partes de España a su respectivo (cabe recordar ese 71 % de abstención en el referéndum del  Estatuto, record aun no batido en 40 años), pero sí a los gallegos les gusta ver a paisanos “cortando el bacalao”.

Nadie duda que Fraga, Rajoy, Cabanillas o incluso Pepiño Blanco arrastraron mucho voto en Galicia por el único hecho de “ser de aquí” y VOX no tiene a nadie conocido en por estas tierras. Cierto es que eso requiere de tropa y publicidad, pero por ejemplo el hecho de no presentar candidato a la Xunta no ayuda nada.  En España gusta el caudillismo y en Galicia aún más. Podrías incluso tener líderes provinciales y no uno autonómico (como tenía la UCD), pero la gente demanda caras conocidas. El video de Abascal y su abuela es tan entrañable como ineficaz  para solventar esta grave carencia. Si a ello unimos unas elecciones en las que los temas centrales serán cuestiones de gestión y no identitarias y un rival como el PP que tiene militantes hasta en la última aldea, la cuestión se pone negra. A VOX le queda mucho trabajo por hacer aquí y poder defenderse ante un rival hostil como el PP, al que un posible crecimiento de los verdes podría desestabilizarle muchas cosas. Esa es la hostilidad que debe preocuparles, mucho más que las ratas de cloaca que el otro día clamaban por llenar las cunetas de cadáveres en el mitin de Abascal en Mos.

Estas son mis apreciaciones que por supuesto pueden ser erróneas. Veremos si el día 12 se confirma esta idea de permanencia  o todo cambia en donde nunca se cree que algo cambie.

Foto original sin cambio: Certo XornalCC BY 2.0

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