El TSJM apuesta por la libertad individual de los madrileños

Por Davy Rodríguez
Director de LDN

Las libertades son cosas serias e importantes, ese es el mensaje que acaba de comunicar el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) al conjunto de los políticos de la supuesta «izquierda» que querían acabar con la libertad de movilidad de los madrileños. Una victoria de los derechos naturales sobre la irracionalidad del Estado.

Impedir a 5 millones de madrileños de salir de la comunidad no tenía sentido. Se les prohibía salir, pero podían seguir contagiándose unos a otros. Ni el mismísimo confinamiento de marzo impidió los contagios: todos los países confinados tuvieron un aumento del número de contagiados, sin excepciones.

La actual sobreactuación del Gobierno, que impone llevar mascarillas en el exterior, incluso cuando estás solo frente al mar, sirve para disimular la falta de actuación de los meses anteriores, es decir cuando los españoles pedían tomar medidas de forma urgente. No teníamos respiradores cuando nuestros ancianos estaban en los hospitales, ni mascarillas o guantes para los médicos que los atendían. Entonces sí que se necesitaban reacciones inmediatas, pero nuestro Gobierno demostró ser un grupo de incompetentes.

El auto de la Sección Octava de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJM restablece algo de sensatez en la opinión pública: no se puede vulnerar y atacar los derechos fundamentales así como así. El TSJM explica juridicamente que «la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud, y en concreto su artículo 65, no contiene una habilitación legal para el establecimiento de medidas limitativas de derechos fundamentales«.

Ya era hora. Las libertades fundamentales son lo más precioso para los hombres libres de las supuestas democracias en las cuales vivimos. Día tras día, el Estado y sus agentes invaden nuestros espacios de libertad: el peor ejemplo fue, hace poco, la publicación en el BOE de la ley 3/2020 que autoriza a la policía entrar en la casa de la gente sin autorización judicial previa. No será el último atropello a nuestras libertades.

Dentro poco, volverán a hablarnos de las vacunas. Ésta vez, la del COVID. Independientemente de nuestra opinión sobre las vacunas en general, la de AstraZeneca y Oxford ha demostrado ser peligrosa para los pacientes que se la adminsitraron, y esa es la que Pedro Sánchez compró a su amigo Bill Gates. ¿Tendremos entonces el derecho a decidir entre esta vacuna y las otras? ¿Podremos incluso decidir para nuestros hijos si preferimos un tratamiento como la hidroxicloroquina, en vez de una vacuna, o será obligatoria la de AstraZeneca?

Estas son las preguntas que nos debemos plantear de cara al futuro. Un futuro que no es dentro de seis meses, dos años o diez años. Un futuro que ya es mañana, y tendremos que decidir qué hacer.

Foto original sin cambio: Cristina Pérez ChocanoCC BY-SA 3.0