El principal enemigo

Por Jorge Rosán

Plumas Afiladas.| Hace tiempo que es patente el clima de crisis política en el que vivimos. Sin necesidad de muchas razones ni explicaciones, desde cualquier espectro ideológico, se huele la pólvora de un sistema que, lleno de fisuras y contradicciones internas, está a punto de explotar. La agonía de una civilización entera.

Dentro de esta decadencia, ya anunciada por algunos intelectuales de siglos pasados (sí, llevamos tiempo marchando hacia el matadero), existe la dificultad de identificar a sus responsables. Ante la amenaza de “genocidio”, nos corresponde determinar y enfocar a sus causantes. Nuestros enemigos se esconden entre una espesa nebulosa de teorías de fantasmas desdibujados, guerras horizontales entre sectarios y fetichismo militante.

La pasada semana, inundaba las redes una noticia que pronto se convertiría en viral. Por fin, la viralidad de un fenómeno responde a cierta conciencia social que se resiste a quedarse dormida. Cuando un trabajador de Glovo, una de tantas victimas del tecno-capitalismo digital (capitalismo, al fin y al cabo), falso autónomo y en precario, se disponía a cumplir con las exigencias del procedimiento de entrega de la plataforma, llevando el pedido de comida a un cliente, de repente, seguramente influido por la presión de cumplir con las exigencias de la aplicación móvil, sufrió un accidente en el que salió herido (ver noticia). No se podía mover, literalmente. Aquí fue cuando la responsabilidad del trabajador, o quizá el miedo a perder su trabajo, hizo que contactara con la empresa. La respuesta de la misma será el causante de despertar el resto de conciencia social que seguimos almacenando y, a su vez, el síntoma de un sistema perverso. Mientras el trabajador yacía en el suelo sangrando e inmovilizado, la preocupación de la empresa era otra: “¿Cómo se encuentra el pedido?”, le preguntaban. Él seguía informando de que su condición le impedía verificar el estado del pedido: “No puedo moverme”, escribía. Sin embargo la empresa insistía: “Es parte del procedimiento, por favor, tendrías que mandar la foto para poder cancelar el pedido”.

La víctima era un hombre, de unos 63 años y argentino. Pero eso da igual. Un trabajador, al fin y al cabo. Simplemente es un átomo absorbido por un mercado global y voraz. Un trabajador explotado y sustituible.

El capitalismo atomizador:

El capitalismo es cada vez más acelerado, más voraz y descontrolado que nunca. Su funcionamiento parte del sacrosanto mercado y su –falaz- “mano invisible”. Un capitalismo acelerado convertido en turbo-capitalismo, donde el mercado es el nuevo Dios y el individuo es atomizado.

No quiero desarrollar teóricamente los cimientos del liberalismo, simplemente denunciar que la “anécdota” anteriormente descrita no es únicamente eso, una anécdota; es la propia dinámica irremediable del capitalismo. Los hechos destapan con claridad las consecuencias del mismo. Un sistema que deja hacer y pasar, tanto al capital material como al humano, con la menor obstaculización “necesaria”. Necesaria para su estabilidad y hegemonía.

El liberalismo nos convierte en átomos: en individuos puros, explotables y disueltos en la universalidad del mercado. La nueva “Cosmópolis”: donde las comunidades son disueltas y desconstruidas; el pueblo destruido también y convertido en individuos desarraigados, explotables y fácilmente sustituibles por una ingente mano de obra barata. El perfecto ejército industrial de reserva. Sin arraigo, de fácil movilidad y sin conciencia social ni de “lucha obrera”.

Conflicto entre el tecno-capitalismo y el “humanismo”:

En un sistema en el que se idolatra “el mercado”, lo humano desaparece. El mercado y la técnica ha absorbido y subyugado al hombre. Ya no hay hombres, hay átomos irreconocibles, desconfiados e irreconciliables con la comunidad.

El capitalismo digital creyó que la tecnología cubría y subsanaba los errores y sesgos que los humanos producían, pero nunca imaginó los errores y sesgos que ellos producían contra los hombres. Cuando el objetivo del capitalismo global y sus élites es desintegrar al pueblo en individuos puros, la comunidad se convierte en su principal enemigo.

Estos individuos desarraigados ya están en funcionamiento, y son producto del propio sistema y de las dinámicas que lo generan. Cuando el repartidor sufrió el accidente, y tras el desprecio de la empresa a su trabajador (explotado), se personó el cliente que había ordenado el pedido. Un cliente que seguramente era igual de víctima en otros foros del sistema, pero que era un individuo perfectamente puro y desarraigado, y por consiguiente actúo como tal: “apareció la persona que había hecho el pedido, abrió la caja de la moto y se llevó la pizza. Nosotros seguíamos ahí esperando a la ambulancia”, describió la periodista.

El hombre ya se encuentra en buen estado, pero nosotros seguimos en crisis y una civilización que agoniza se acerca al genocidio.

Jorge Rosán

Foto : © Topio Creative Commons Wikipedia