El Papa poscatólico publica la nueva encíclica “Fratelli Tutti”

El catolicismo es la fe que estructuró Europa, y España en particular. Dicho esto, con esta nueva encíclica, el Papa Francisco se hace el emisario del poscatolicísimo, es decir de un catolicismo ecuménico pro-islam, sin identidad y profundamente antieuropeo. Aquí lo analizamos.

Una encíclica al servicio del globalismo

Francisco empieza su carta encíclica Fratelli Tutti diciendo que se ha sentido “especialmente estimulado por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, con quien [se encontró] en Abu Dabi”. Algo que solo puede inquietarnos: el Papa es el responsable del dogma católico, ¿por qué siempre tiene que referirse a fuentes extra católicas?

La encíclica recoge muchos textos y discursos de los últimos años del Papa Francisco. Por lo tanto, es normal encontrar toda la ideología progresista (¿hacia dónde?) y inmigracionista del jesuita argentino.

G. K. Chesterton no se equivocó y sigue teniendo razón hoy día: “el mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas”. El segundo capítulo del Papa lo muestra perfectamente. Se titula “un extraño en el camino” y utiliza la figura del extranjero para promover un universalismo radical que, en realidad, tiene más que ver con la indiferenciación que con el universalismo. Algo que irónicamente acabaría con la diversidad.

El globalismo también tiene su capítulo. Pensábamos leer un texto católico, pero nos encontramos con un manifiesto político de la izquierda trotskista, con un capítulo titulado “pensar y gestionar un mundo abierto”. No hay fronteras, no existe la identidad, ni hay pueblo homogéneo: esto es, según el Papa Francisco, la base del populismo, un tipo de régimen que critica con el mismo vocabulario que un miembro de la Comisión europea.

Un Papa no debería hacer política

Según la opinión del Papa – que tiene más o menos la capacidad analítica de un estudiante malo de primer año de Ciencias Políticas –, “Los grupos populistas cerrados desfiguran la palabra “pueblo”, puesto que en realidad no hablan de un verdadero pueblo. En efecto, la categoría de “pueblo” es abierta. Un pueblo vivo, dinámico y con futuro es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente. No lo hace negándose a sí mismo, pero sí con la disposición a ser movilizado, cuestionado, ampliado, enriquecido por otros, y de ese modo puede evolucionar”.

Gracias, Don Sabio. La verdad es que el Papa no sabe ni de lo que habla. Al haber nacido en un país homogéneo como Argentina, es muy fácil de hablar de “enriquecerse por otros” cuando se trata de peruanos, bolivianos o chilenos. La situación en Europa es muy distinta: ¿cómo enriquecerse de otros, cuando en ciertos barrios no queda casi nada del pueblo autóctono? Así está la cosa en ciertos barrios de Alicante, Barcelona, Girona… Y de Francia o Inglaterra, no digo nada: barrios enteros donde se aplica la ley islámica.

El Papa tiene incluso la desfachatez de titular una parte: “la política que se necesita”. Eso es precisamente el problema, querido Francisco: usted es Papa, no responsable político. Tiene toda la autoridad del mundo para hablar del dogma católico, y en eso goza de la infalibilidad papal. Pero respecto a la política, esa la hacemos nosotros, los españoles y los europeos, sin tener que contar con sus opiniones de jesuita, inspiradas por la Teología de la Liberación.

Francia tuvo su galicanismo para reafirmar la superioridad del Rey galo sobre el pontífice de Roma respecto a las prerrogativas políticas. España también tuvo su regalismo gracias a los Borbones, a partir de Felipe V. ¿Acaso tendremos que expulsar a los Jesuitas de la política como Carlos III los expulsó de España?