¿EL METEORITO DE 2029, COMO SOLUCIÓN DEFINITIVA?

Qué diferente puede ser el ser humano entre generaciones separadas por muy poco espacio de tiempo, aunque la genética sea la misma.

NUESTROS ABUELOS

Cuando pienso en los hombres y mujeres que fueron niños, adolescentes, jóvenes, adultos en el periodo entreguerras, cuando les «miro» a los ojos irremediablemente me entra un sentimiento de pena e impotencia indescriptible. Pero no hacia ellos, ni mucho menos. Hacia nosotros. Ante ellos sólo puedo inclinar la cabeza con  respeto y admiración.

Independientemente de su nacionalidad, de en qué lado de las trincheras les tocó estar. Son la máxima expresión de la fuerza y el coraje, la fuerza y el coraje que sólo se forjan entre los estruendos de los bombardeos, la metralla y el olor a miedo y muerte. Pero también a honor y valentía. El coraje que sólo se forja con la necesidad de sobrevivir.

LAS SIGUIENTES GENERACIONES

Los que nacieron después de 1945, sus hijos, heredaron el amor a la tierra que les vio nacer y a la familia, supongo debido a la obsesión de aquellos que vieron arder sus ciudades y vivieron separados de sus seres queridos o simplemente los perdieron.

Pero ¡ay! de los hijos de sus hijos… Esos que nacieron en el Occidente «libre» . Esos que no conocieron más que la comodidad y el progreso… los que no oímos el caer de los misiles, el dolor de las heridas o el silbido de las balas. Ni tuvimos quien nos lo contara de primera mano. Estas generaciones de pusilánimes y cómodos, de ingenuos y manilupulables, esa que cree que una guapa prostituta barata podrá casarse con un Richard Gere multimillonario, sólo por su físico (fijaos, su amiga la feílla se queda haciendo la calle) esta generación es insalvable.

Los que se creen a pies juntillas todo aquello se pone de moda. Todas esas tendencias que cambian a ritmo de almohadilla de un hastag, desde el #QuedateEnCasa, hasta el #NoPuedoRespirar en tan sólo una semana. Y no es que no pueda respirar por ser un anciano abandonado en una residencia a su suerte, o un enfermo que carece de manos de sanitarios para poder tratarlo, no. No pueden respirar porque ahora toca salir a la calle, «con o sin virus y a mí que más me da», porque la brutalidad policial en Minneapolis se ha llevado por delante a un delincuente negro… ¿Es o no es de locos?

Ahora el establishment decide que es hora de desorden y así tiene que ser. Y todo ciudadano del «Mundo Libre» sale a las órdenes del Hastag de turno sin pensar dos veces en un porqué. Qué más da, lo dice mi smartphone de última generación y punto.

SOLUCIÓN

Tengo la esperanza de que una parte de los jóvenes se comprometa con una disidencia incontrolada y con criterio, con formación y amor a su Tierra y a su identidad, hallen la manera de luchar contra esta locura global. Se impregenen del coraje de sus antepasados y sepan rehacer esto desde cero.

Y si no, como soy católica y creo en la Parusía, siempre queda el meteorito que se espera en 2029.