EL COVID19 PUEDE DESTRUIR ESPAÑA, TAL Y COMO LA PESTE DESTRUYÓ BIZANCIO

Por Jesús Domínguez

El 29 de mayo de 1453 Constantinopla cayó en manos de los turcos otomanos, poniendo punto y final a los más de mil años de existencia de Bizancio, el Imperio Romano de Oriente, que sobrevivió tras la caída de Roma.

Los últimos tiempos de Bizancio estuvieron marcados por una serie de acontecimientos y circunstancias que aceleraron su desaparición, y que si las extrapolamos y las interpretamos con la óptica de la España de hoy, nos van a sonar muy familiares:

  • División interna y fractura social, que llevó incluso a enfrentamientos armados.

  • El final de la administración centralizada de las provincias. Las zonas rurales pasaron a gestionarse por un sistema señorial, con el poder en manos de magnates locales.

  • A pesar de su considerable riqueza, estos señores, mediante exenciones o simple evasión, evitaban pagar impuestos al Gobierno central.

  • Comercio interrumpido, con alta dependencia de las importaciones de alimentos de Bulgaria y Crimea.

  • Tesoro del Imperio agotado, teniendo grandes deudas con los venecianos.

  • La llegada de la peste negra en 1347, y la reaparición periódica de la epidemia, redujeron todavía más la base fiscal (el poder económico del Estado vía recaudación de impuestos) y de reclutamiento de soldados del imperio, lo que impidió cualquier acción de recuperación.

En adelante, Bizancio permaneció amenazado permanentemente por sus vecinos más poderosos, incapaz de emprender una política externa independiente, paralizado por una falta crónica de recursos y enfrascado en constantes conflictos internos.

Hemos visto cómo el Estado Español, en manos de un Gobierno lastrado por complejos y prejuicios ideológicos, ha sido incapaz de articular una respuesta unívoca a la crisis desatada por el Coronavirus.

Estamos ante tiempos muy difíciles donde España a nivel económico repetirá situaciones ya vividas, y con un margen de maniobra mucho menor, debido a la enorme Deuda Pública que arrastramos.

Esta situación puede ser aprovechada en su favor por quienes quieren destruir España por diversos motivos. Como ciudadanos debemos actuar consecuentemente utilizando las tres libertades más poderosas que nos quedan:

  • La libertad de consumo. Fomentando el comercio de proximidad y la producción nacional.

  • La libertad de asociación. Es imprescindible coordinarse para protestar contra el ruinoso Gobierno de los Doctores Sánchez e Iglesias, y colaborar con las muchas iniciativas de ayuda y solidaridad que espontáneamente han sustituido la inacción del Estado.

  • La libertad de voto. A más largo plazo, ese momento llegará, y  toca ser responsables y conscientes con lo que significa el voto, y como por definición no hay nadie que nos represente al 100%, optar por votar al menos malo o más capaz de revertir esta situación.

Tenemos que ser activos y estar muy alerta, pues si algo sabemos, es que la historia, sus ciclos, se repiten; y esta vez está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos, pues sin España no habrá nada