AL FIN Y AL CABO, GANÓ ETA

Sufrí el secuestro de Miguel Angel Blanco con la misma angustia y ansiedad que el resto de los españoles. No porque fuera más cruel que las otras matanzas de esos execrables asesinos de ETA, sino porque cuando empatizas con la víctima y la familia, cuando vives la cuenta atrás rezando por la vida de un chaval valiente que tenía toda la vida por delante, la angustia se multiplica.

Viví los 80,  viví la riada de sangre por las calles, principalmente de Madrid y de las provincias Vascongadas. Viví el entierro a escondidas de los compañeros de mi padre y viví el horror de niños muertos y desmembrados.

El espíritu de Ermua

No. No me invadió el espíritu de Ermua. No. No salí con las manos pintadas de blanco entre una masa dolorida porque vio la cara de la víctima unos minutos antes antes de morir asesinadi, y la cara de su madre, de su hermana y de su novia. No. No dije aquello de «ETA, aquí tienes mi nuca», nunca. Porque, que Dios me perdone, pero yo llevaba años queriendo tener sus nucas cerca, eran sentimientos de adolescente idealista y más tarde de joven que tuvo que madurar a costa de que todo aquello que un puñado habíamos predicho se estaba cumpliendo.

Y, sí. Las masas salieron a la calle, por primera vez. Creyendo que le hacían frente a la banda terrorista que habia sembrado el territorio español de cadáveres de compatriotas, militares, guardias civiles, sus mujeres y sus hijos y concejales de muchos municipios. Salieron envalentonados por la rabia por un lado y por el apoyo de políticos y medios, por otro.

Sacaron la foto del joven concejal, la pintura de «guerra», en las palmas de sus manos y lágrimas en los ojos. Aquello, el espíritu de Ermua, no fue más que la canalización de un sentimiento de ira para transformarlo en el buenismo necesario, para que se pudiera asumir que en un futuro ETA sustituiría las 9mm parabellum por escaños. Y se asumió. Y ahí están, en las instituciones y marcando las pautas del Gobierno de la Nación y, mientras, ese espíritu de Ermua va mutando en el tiempo en diferentes cortinas de humo de todas las materias posibles.

Foto original sin cambio: Cristina CifuentesCC BY 2.0

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