TURQUÍA IMPIDE QUE 200 MIL MASCARILLAS LLEGUEN A ITALIA

Siguen las provocaciones del sultán de Ankara. Según el Corriere della Serra, el presidente islamista Erdogan bloqueó 200 mil mascarillas que iban destinadas a hospitales situados en el Norte del país. El pedido ya fue pagado por la administración italiana, pero Turquía las tiene bloqueadas en la aduana del aeropuerto de Ankara. Turquía demuestra cada vez más su hostilidad a Europa. Habría que bajarles los humos al sultán en un Lepanto numero dos. 

TURQUÍA JUEGA CON NUESTRA SALUD

Las autoridades italianas pagaron 670.000 euros para las 200.000 mascarillas producidas por la empresa turca Comitec, del grupo Klinikom. Además de ese primer pedido, el gobierno italiano ordenó la producción de 300.000 mascarillas a la semana para abastecer sus hospitales y su personal sanitario. Todos estos pedidos están ahora bloqueados en el aeropuerto de Ankara desde el día 5 de marzo.

El día 6 de marzo, la embajada italiana habló con el ministro turco encargado del asunto que prometió que se iban a desbloquear dada la situación de crisis que vivía el país. Pero no fue así. El propio Erdogan intervino para bloquear las máscaras de tipo FFP2. 

El presidente del consejo italiano, Giuseppe Conde, llamó al barato sultán otomano para que rinda cuentas de sus actuaciones. Pero de momento, no ha pasado nada. 

LA GLOBALIZACIÓN NOS HACE VULNERABLES

Esta crisis de las mascarillas demuestra lo que muchos gobernantes se habían olvidado: la globalización, la actuación libre y no controlada del mercado y todos estos mitos del liberalismo contemporáneo, son meras ficciones. Cuando estalla una crisis sanitaria como la que vivimos ahora, no existe nada más que el Estado para protegernos ; claro, si este Estado sigue funcionando más o menos bien y si no ha sido debilitado por los gobiernos anteriores.

Las mascarillas ya no se producen en Europa. Los países que tenían unos stocks, como Francia, las vendieron porque pensaban que en este mundo globalizado, podrían volver a comprarlas sin problema. Pero no es así: todo esto ha sido una mentira. La solución es la de siempre: un Estado que pueda orientar la producción cuando es necesario y controlar los precios de los productos de base. La reindustrialización del país no es una opción política: es la condición de nuestra libertad y evidentemente de nuestra soberanía. Para no tener que vivir bajo el yugo del otomano, no cabe otra solución que tener una cierta independencia. 

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