TÚNEZ: EL PROBABLE PACTO ENTRE SAÏED Y LOS ISLAMISTAS

El candidato independiente Kaïs Saïed ganó las elecciones presidenciales tunecinas con más del 70% de los votos. El perdedor, Nabil Karoui reconoció su derrota. ¿Cuáles son las perspectivas para el nuevo Presidente tunecino? Aquí se lo explicamos todo.

Un Presidente conservador

Kaïs Saïed tiene 61 años y es profesor de Derecho en la Universidad de Cartago. Participó en la revolución tunecina del 2010 y sigue siendo a día de hoy un ferviente defensor del legado de dicha revolución. 

Sus posiciones son bastante menos conservadoras en comparación con las propuestas de los partidos islamistas tunecinos. Está en contra de la aplicación de la sharia -la ley islámica- y también se opone a la encarcelación de los homosexuales. Esas declaraciones no son precisamente las de un dogmático religioso como lo describen a menudo los medios de comunicación.

Sí es verdad que tuvo unas posiciones atípicas desde el punto de vista de un occidental posmoderno: está en contra de la « propagación de la homosexualidad, financiada por fuerzas extranjeras » y declaró estar en contra de la abrogación de la pena de muerte. Dicho eso, un esfuerzo de contextualización nos permite entender esos planteamientos en un Magreb cada vez más religioso. 

¿Un pacto con los islamistas?

La joven Constitución tunecina estableció un régimen parlamentario: el Presidente de la República propone un jefe del gobierno que tiene que lograr el apoyo de la mayoría de la Asamblea de los Representantes del Pueblo (ARP). A pesar de haber ganado las elecciones presidenciales sin partido político proprio, Kaïs Saïed tendrá que enfrentarse con los partidos ya establecidos y sus representantes en la ARP. 

La actual mayoría la detiene el bloque liderado por el partido Ennahdha de ideología islamista (hermanos musulmanes), aliado con el partido Tahia Tounes, una escisión centrista del partido de corte laico Nidaa Tounes.

Al no tener un programa político claro, es muy probable que Kaïs Saïed se acomode con esa mayoría parlamentaria adoptando su programa. La campaña electoral no fue precisamente un debate político nacional, sino una elección basada únicamente en las personas.

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