LA UNIÓN EUROPEA CONTRA EL CAMPO ESPAÑOL

Las movilizaciones del campo español en Extremadura y en Jaén no son la consecuencia de la política del Estado español, sino más bien la de su desaparición como órgano soberano encargado de negociar comercialmente y de proteger los intereses nacionales. Consecuencia del reparto de competencias organizado por los tratados europeos, la Comisión de la UE es la máxima autoridad en materia de acuerdos comerciales: es ésta el problema.

LA UNIÓN EUROPEA Y SUS TRATADOS COMERCIALES ABSURDOS

La ideología del libre comercio, que conllevan los tratados europeos, conduce las élites de Bruselas a negociar tratados comerciales cada vez más desfavorables al campo español y europeo en general.

Por ejemplo, el tratado CETA (Acuerdo Económico y Comercial Global, entre la UE y Canadá) abre el mercado europeo a las carnes de cerdo y de ganado canadienses, y también al trigo y al maíz norteamericano. Obviamente, los expertos y profesionales del sector critican la diferencia que existe entre las normas de seguridad alimentaria y de bienestar animal de Europa occidental con las de Canadá que protegen muchísimo menos al consumidor y al bienestar del ganado. A pesar de esta oposición muy importante de los grupos de presión que defienden a los agricultores, el CETA se aplicó en la UE a partir de septiembre de 2017.

Otro ejemplo: el tratado comercial entre el MERCOSUR y la UE. Está claro que los países iberoamericanos no tienen ni los mismos estándares medio ambientales, ni las mismas normas para la protección del consumidor, ni tampoco las mismas normas sociales. La diferencia abismal entre nuestros sectores agrícolas hace que tengan precios muchísimos más competitivos, contra los cuales los agricultores de Europa occidental no pueden luchar — salvo Alemania que emplea centenares de miles de Europeos del Este con salarios de miseria y que estaá totalmente convertida al productivismo norteamericano.

MARRUECOS: UN ADVERSARIO COMERCIAL

Por mucho que países europeos como España o Francia tengan intereses comunes que defender en Marruecos, no se debe olvidar que es éste el principal adversario comercial de la península en términos de agricultura. Sus costes bajísimos de mano de obra, su agricultura masivamente productivista y los oligopolios hacen imposible una competición comercial. Aquí vienen algunos datos:

– 1 millón de niños trabajan en el campo marroquí con salarios de miseria (datos UNICEF) ;
– Están prohibidos los sindicatos agrícolas ;
– Los salarios son de 5 euros por día de media (más de 50 euros por día en España, o sea diez veces más) ;
– El 70% de las 350 000 toneladas de tomate marroquí exportadas a Europa viene de tan solo tres empresas.

EL EJEMPLO DEL TOMATE: NECESITAMOS PROTECCIONISMO

La ideología europea nos impide la medida la más coherente desde nuestra perspectiva: imponer un proteccionismo que permita darle la prioridad a los productos de nuestro campo. El ejemplo del tomate habla de por sí solo.

El campo español produce cada año algo como 3 800 000 toneladas de tomate. Los hogares españoles consumen entre 585 600 toneladas y 700 000 toneladas, según los datos de los últimos años (2010-2018). En estas condiciones, ¿por qué abrimos nuestras puertas a estos productos extranjeros? La producción nacional representa más de cinco veces el consumo nacional.

Dicho esto, la imposición de la maquinaria globalista en este aspecto se hace por meros motivos ideológicos. Sus fórmulas económicos primero destruyeron la industria nacional y ahora van a por el campo. Muy lejos de opinar como la UGT que llamó a los agricultores movilizados « derecha terrateniente y carca », desde aquí los apoyamos pero que no se olviden que la Unión Europea es el verdadero problema.

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