LA MASACRE DE LOS AUTÓNOMOS

Por Alberto Grasa

Todo español con dos dedos de frente, y no abducido por el Frente Popular Monclovita, sabe que tras la crisis sanitaria viene la económica. Si bien lo primero es la salud, salir vivo de la plaga, lo segundo es mantenerse vivo frente a otros factores como es la necesidad o incluso el hambre. Y es que se avecinan tiempos duros, para trabajadores a cuenta ajena y sobre todo para los autónomos, estando muchos de ellos con la amenaza del fin de su actividad sobre sus cabezas, debido a un mínimo de dos-tres meses sin generar ingresos. Sobre todo aquellos que, por las circunstancias que sea, no cuentan con un buen colchón económico. 

El gobierno actual, merecido por haber sido votado, se ha revelado como un magnífico catalizador del desastre, a la vista de cómo ha gestionado la parte de la crisis sanitaria. Y apunta maneras para la gestión de la parte económica.

AYUDA ECONÓMICA POR LA PARALIZACIÓN

Aprobaron un paquete de medidas extraordinarias para trabajadores por cuenta propia, resumido: una ayuda económica por la paralización. Y se marcan una serie de condiciones para solicitarla:
1º Caída del 75% de ingresos respecto a la media mensual del semestre anterior.              
2º Estar al corriente en el pago de las cuotas a la Seguridad Social.
Presentación de declaración jurada de la fecha de producción de la fuerza mayor, copia del libro de registro de facturas emitidas y recibidas, del libro diario de ingresos y gastos, del libro registro de ventas e ingresos o del libro de compras y gastos. En el caso de los autónomos que no están obligados a llevar los citados documentos de contabilidad, se admitirá cualquier medio de prueba admitido en derecho.

EL 70% DE LOS AUTÓNOMOS NO VA A PERCIBIR LAS AYUDAS

En menos de un mes, los autónomos les han descubierto la bolita a los trileros bolcheviques. La Asociación de Trabajadores Autónomos ha denunciado que un 70% de los autónomos afectados no va a percibir las ayudas, o porque consideren que su actividad no debía cerrarse aunque no tengan clientes, o por el desastre gestor de las Mutuas, donde campan en muchas de ellas, los agentes gubernamentales, etc. Desde luego, lo mejor es tener carnet del Partido, cerrar y poner la mano; no dejar la tienda abierta, el taxi circulando, etc., para dar servicio, no sea que no se llegue a caer el 75% y además de no percibir ayudas, se generen gastos que sumar a las cuotas de autónomos, que esas sí que se cobran. Y es que no escarmentamos: Cuando los herederos de Mao y Stalin dicen que hay que poner la mano para recibir el mínimo vital, y no esforzarse en ir contra los elementos, hay que hacer caso.   

EL DESASTRE NO SOLO LLEGA POR LA IZQUIERDA

Pero el desastre no solo llega por la izquierda, cuyos ojitos sólo son para los independentistas, ocupas anarquistas, y también la masa paniaguada con mínimos vitales pagados por el Estado, masa que pretenden crear, de voto cautivo. No, también llega por la derecha. Y la derecha se juzga por sus obras, no por lo que predica, porque, a sabiendas del caladero de votos que tiene entre los autónomos, tiende a los guiños, moderados, eso sí, en cuanto a rebajas impositivas. Pero cuando aparece su dios, la gran empresa, los deja a los pies de los caballos. Desconocemos las medidas que hubiese tomado en caso de estar hoy en el gobierno, pero lo que está claro es que, gobernando la derecha, en cuanto posan su lindo pie las grandes corporaciones en España, para comprar saldos como hicieron en la crisis de 2008, todo aquel grupo de autónomos que ose interferir en sus actividades, es absorbido o defenestrado en masa. Pueden preguntar a los taxistas sobre Uber y Cabify. 

El quid de la cuestión no está en la ayuda puntual en este momento, ni en las promesas vacías, ni en las políticas de derechas, izquierdas o independentistas. España adolece de falta de Estadistas de verdad, personas que legislen y planifiquen conociendo al Pueblo Español y por y para su bien, con la vista puesta a 25 ó 30 años más allá, no a las siguientes elecciones.  

UNA VISIÓN ERRÓNEA DEL AUTÓNOMO

Se ve al autónomo como una empresa de uno, y se le exige lo mismo que a cualquier empresa; no se entiende al autónomo como un emprendedor que, de principio, no le va a dar al Estado los quebraderos de cabeza de las relaciones laborales entre empleador y empleado, y aparecerá mucho menos por las colas de desempleados. Tampoco se le ve como el germen potencial de una PYME o, si lo consigue, de una empresa nacional que generará empleo. Y es esa visión en la que se debe fundar la relación del Estado con el autónomo.

No se trata de reducir sus impuestos de forma electoralista, sino que el fruto de esos impuestos lo recoja el autónomo en la ayuda por parte del Estado para dotarle de recursos que, por el pequeño tamaño de su entidad productiva, no puede tener y sí los tienen las grandes empresas: Formación, accesos a mercados, ayuda en la comercialización frente a los productos de las grandes empresas, en especial las extranjeras, etc. Lógicamente, es el autónomo español de origen, o el asimilado europeo ya asentado en España, el que va a entender perfectamente lo que significa este tipo de relación, cultivado en Europa tras más de 200 años de luchas y ajustes sociales tras la caída del Antiguo Régimen. La nueva relación entre los autónomos y el Estado Español no debe ser un incentivo para que todos los aventureros del planeta lleguen a aprovecharse del mismo, de la misma forma, un buen control podrá señalar y castigar a los autóctonos que pretendan aprovecharse del Estado.   

Ese tipo de relación y estructuras posibilitaría que la mayoría de los autónomos, al tener confianza con el Estado Español, y España necesitar de ellos en determinados momentos, hubiese creado hoy una estrategia de servicios esenciales facilitados por autónomos, dirigidos por el Estado Español, que cubrirían carencias debidas al confinamiento y cierre de mercados internacionales. España como Pueblo cubriría sus necesidades, y la mayoría de los autónomos no pararían de trabajar, sabiendo que la estructura en la que están metidos, que pagan y disfrutan, les va a compensar las pérdidas que puedan tener.

Nos encontraríamos en la situación de que la ayuda a autónomos se les pagaría por los servicios prestados durante la crisis, habiendo sido reorientada provisionalmente su función productiva. Los que hubiesen tenido que cerrar igualmente, no pudiendo ser reconducidos a otra actividad temporal, deberían poder recibir las ayudas correspondientes. Para que exista un capital destinado a esas ayudas, en una economía nacional limitada como es la nuestra, se debe retirar el dinero de otras partidas, como son las ayudas a personas sanas que, habiendo recibido propuestas laborales, continúan disfrutando de la prestación de desempleo sin justificar las negativas a ocupar los puestos de trabajo ofrecidos.

ACABAR CON LAS AYUDAS DE TODO TIPO A LA POBLACIÓN NO AUTÓCTONA

Y por supuesto, acabar con las ayudas de todo tipo a la población no autóctona o no asimilada europea residente, puesto que la inmensa mayoría de estas personas, residentes o no, nacionalizados o no, se supone que han llegado a España para realizar un trabajo, y siendo migrantes laborales, no tiene lógica que perciban ayudas cuando en teoría están en España trabajando y cobrando un dinero. Si se acaba el trabajo, el trabajador invitado debe regresar a su país de origen y allí percibir lo que le pueda corresponder de jubilación en función de lo cotizado cuando le llegue la edad.  

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