Irán en el panorama de Oriente Medio

   Por Koldo Salazar López
  Especialista – Oriente Medio

Irán, desde el triunfo de la revolución islámica, se vio envuelta en una serie de conflictos directos con Estados Unidos (como el secuestro de su embajada en Teherán) e indirecto a través de aliados interpuestos (Saddam Hussein en los años ochenta durante la Guerra Irán-Irak). Durante los años noventa Irán vivió un proceso de reconstrucción económica, nacional, política, de infraestructura y geopolítica que, si bien se vio sacudida por el hostigamiento de Estados Unidos, Israel o Arabia Saudí, logró sobrevivir y consolidarse y, con ello, desarrollarse a partir del año 2001.

Dicho esto, resumir en un solo artículo los últimos años de Irán provocaría que el mismo fuera un ensayo más que un breve texto. Irán funciona como un estado centralizado cuyo eje de poder es el Islam Chii Duodecimano unido a un fuerte nacionalismo iraní enclavado en unas élites religiosas que controlan el país desde los centros de poder en Teherán, Qom y Mashdad pero, también, poseen el concurso del poder militar, no sólo del ejército regular sino de la Guardia Revolucionaria Iraní (Sepah e Pasdarán). La unión de un poder político, religioso y militar altamente ideologizado sobre una población escindida étnicamente en grupos como persas, armenios, azeríes, loríes, árabes, baluchíes, pastunes, turcos etc…y, también, con importantes minorías religiosas como los prestigiosos zoroástricas, cristianos o judíos (sí, Irán es el segundo país de Oriente Medio con más judíos después de Israel) se confirma como un éxito en la construcción de un estado centralizado en un país grande, lleno de retos internos pero muy unido.

Esta fuerza interna, que enfrenta tensiones en las regiones de Baluchistán, Ahravaz o Kurdistán iraní, ha sabido mantener la estabilidad de un gobierno que se mantiene fuerte y es capaz de plantar cara a los estados aliados de Estados Unidos o sus aliados interpuestos y, ahora, de eso hablaremos.

En 2001, tras el 11S, Estados Unidos invade Afganistán, derrota a los talibanes y muchos de sus líderes de esconden en Pakistán mientras que otros, como Gulbuddin Hekmatiar, se esconden en Irán. La incapacidad real por parte de la coalición de controlar la región permite a Irán penetrar en la misma, y más ahora que el vacío de poder dejado por los sunitas del Emirato Islámico de Afganistán, permite a Irán moverse libremente en la región pivotando sobre tres ejes: el chiísmo de la etnia Hazara, el paniranismo que convence a los pastunes y el rechazo a la presencia estadounidense por parte de los afganos, que tienen invadido su territorio, y por parte de los iraníes, que desean la salida de Estados Unidos de estas regiones tan cercanas a su territorio.

Irán, el gran vencedor de la guerra de 2003

En 2003 la invasión de Irak supone el primer gran salto de Irán en Oriente Medio. Bajo la dirección de líder Alí Jamenei un, por entonces, desconocido Qassem Soleimani (que apenas lleva cinco años como jefe de la Brigada Al Quds, un grupo de élite dentro del ya selecto Pasdarán) prepara una fuerza miliciana árabe iraquí chiita que es entrenada en 2002 en territorio iraní y plantea una red de resistencia chiita a gran escala en forma de grupos de inteligencia independientes, unidades de confidentes y milicianos chiitas que, al mismo tiempo, tejen una importante red en todo el país que se haya sostenido ideológicamente por el Ayatollah Alí al Sistani, residente en Najaf.

En este momento Soleimani lo que pretende es copiar el modelo que permitió a Hezbollah obtener poder y mantenerlo en el Líbano de la guerra y de la postguerra, lo que se tradujo en una creciente influencia de Irán en las costas del mediterráneo y una amenaza directa a las fronteras y estabilidad de Israel que veía como Irán penetraba en paralelo tanto en el Líbano como en Gaza financiando y armando a Hamás junto con Qatar.

La victoria de Estados Unidos y la caída de Sadam, un tapón que frenaba la expansión de Irán en Oriente Medio, supuso que el único país realmente victorioso en la región fuera Irán ya que el modelo de estado establecido tras el gobierno de la coalición implicaba a un Presidente Sunita vacío de poder y un Primer Ministro chiita con poderes casi totales que, pronto, comenzó a ver en Irán un garante a su estabilidad, sobre todo durante la Guerra contra el Daesh. El gran artífice de esta expansión, replicando el modelo libanés de Hezbollah de establecer un poder político-militar chiita con un líder prestigioso (Nasrallah en Líbano y Sistaní en Irak) fue Qassem Soleimani y el VEVAK (Servicio de Inteligencia Iraní). 

Con esto Irán lograba, por primera vez, poder trazar una gran línea desde Teherán hasta Bagdad llegando a Damasco y de ahí hasta Beirut, convirtiéndose en un tapón que frenaba a las potencias árabes sunitas-wahabistas rivales como Kuwait, Arabia Saudí, Bahrein o Emiratos Árabes Unidos. Las relaciones, por otro lado, entre Siria e Irán eran excelentes y la alianza del eje Damasco-Teherán una realidad desde 1979 a pesar de que en uno existía un modelo socialista laico controlado por alawitas (una rama del Islam chiita) y en el otro un estado islámico chiita.

Sin embargo la presión realizada por Siria contra Irak durante la guerra Irán-Irak y la ayuda a Teherán fue pagada por Irán mediante el apoyo a Siria durante la época de ocupación del Líbano, la coordinación de elementos iraníes de Hezbollah en ayuda de los Servicios Secretos Sirios y la lucha contra Israel en lo que podríamos llamar el núcleo duro del movimiento antisionista y antiwahabista en Oriente Medio. Esta ayuda fue devuelta con creces durante la Guerra de Siria (en curso) con el envío del General Qassem Soleimani para la coordinación de los voluntarios iraníes de los Pasdarán en Siria y las milicias chiitas tanto iraníes como sirias en el terreno, lo cual unido a la estrategia en Irak con la creación de las Kataeb Hezbollah y unido al líder carismático Abu Mehdi al Mohandas y la aparición de héroes de guerra como Abu Azrael elevó la moral de las tropas chiitas en ambos países, lo que permitió la derrota en tierra (con la ayuda de Rusia que envió Spetsnaz y desplegó a sus fuerzas aéreas) de los grupos terroristas como DAESH, Al Qaeda o las FSA y también permitió estrechar los lazos entre los aliados contendientes, de tal forma que el bloque chiíta quedaba unido por el esfuerzo de guerra, por el trauma común y por la conjunción y alianza de los líderes carismáticos de los diferentes países y grupos como Hassan Nasrallah en Líbano, Bashar al Asad en Siria, Alí al Sistani, Muqtada al Sadr o Abu Mehdi al Amohandas en Irak o Qassem Soleimani, Hassan Rohaní o Alí Jamenei en Irán.

Yemen, Irán rompe el tablero de juego 

Sin embargo esto no acabó aquí ya que los movimientos de Irán, en este tiempo, salieron de su zona de influencia y se implicaron en Yemen, donde la milicia chiita Ansarullah combatía contra Arabia Saudí y el gobierno de Riad no sólo no era capaz de doblegarlos sino que no podían avanzar y eran masacrados, a pesar de poseer superioridad numérica, por los milicianos. Esto permitió a Irán situarse en la península arábiga y rodear a Arabia no sólo desde Irak sino desde Yemen en una jugada maestra que consolidaba la presencia iraní en África también ya que Etiopía temía de la instauración de un régimen wahabista yihadista en Yemen que se aliara a Somalia (estado fallido controlado por grupos yihadistas y piratas) y ambos realizaran, usando Eritrea, como frente para hostigar a los etíopes y desestabilizar su frontera oriental. Ni que decir tiene que tanto Eritrea como Somalia (si se le puede considerar país) y Yemen son países musulmanes mientras que Etiopía es un país cristiano que además tiene un grave problema con las tribus oromo, musulmanas, de ahí la colaboración de Etiopía como pivote de las operaciones de inteligencia iraní en Yemen para la instauración de un gobierno de Ansarullah (chiita) nacionalista que estaría enfrentado tanto a Arabia como a Somalia y que estaría apoyado tanto por Irán como por Etiopía que vería sus fronteras del este de forma más segura y minimizaría riesgos.

Arquitecto de estos movimientos fue el General Qassem Soleimani, asesinado el pasado 2 de enero de 2020 por Estados Unidos, ya que Irán no es Corea del Norte y no tiene la capacidad disuasoria de este país con las armas nucleares sin embargo su estructura militar, internacional, geopolítica y las redes milicianas tejidas durante décadas ha permitido a Irán situarse en las fronteras de los dos grandes aliados de Estados Unidos en la región: Israel y Arabia Saudí y amenazar con dañar gravemente a estos países, de tal forma que esta es la mejor disuasión posible a falta de armas nucleares porque no olvidemos: 

Israel ocupa Palestina y si Irán y sus aliados regionales atacan a Tel Aviv y este país se ve en un momento militar de tribulación las milicias palestinas podrían reforzar un eventual ataque al que siguiera un alzamiento generalizado instigado en Cisjordania y Gaza, lo cual les podría hacer perder el control de la situación;

Arabia Saudí con una población de unos 32 millones del cual el 13% es chiita (unos cuatro millones) que viven en estado de apartheid sin derechos y sometidos a castigos y trato vejatorio podrían alzarse en caso de guerra contra Irán si esta país penetra en el territorio a través de las milicias chiitas árabes de Irak.

De ahí que tanto Israel como Arabia Saudí hayan negado su participación en el ataque estadounidense contra Qassem Soleimani, de hecho Benjamín Netanyahu (Primer Ministro de Israel) negó cualquier vinculación con el crimen y Arabia Saudí envió una embajada a la Casa Blanca pidiendo a Estados Unidos reducir las tensiones sabedores de que el mejor seguro de Irán se basa en toda la obra de ingeniería geopolítica que ha estado llevando a cabo durante décadas y que, por mucho que asesinen a generales como Qassem Soleimani, ya no va a parar. 

 

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