ESPAÑA NO SÓLO DEBE TENER TURISMO

Por Davy Rodríguez

El turismo en España representa más o menos el 15% del PIB (PwC); por lo tanto, muchas empresas ven al extranjero consumidor como poco menos que una salvación, y tienen razón a su nivel microeconómico. Dicho esto, la conversión de España en un país de turismo fue una sumisión del franquismo y de la democracia al paradigma liberal: siguiendo en este camino, o bien nos convertiremos en un museo, o bien en el paraíso de los guiris. ¿Pero acaso España no merece un mejor futuro?

LA REINDUSTRIALIZACIÓN: CLAVE DE LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA

España se empezó a desindustrializar en los años 70, tanto cuando se compara con el resto del mundo (o sea relativamente a los demás países) como cuando se analiza el peso de la industria en la creación de riqueza nacional.

A nivel internacional, el valor añadido industrial de España pasó de ser el 2,3% del valor añadido industrial mundial en el 1970, al 1,7 % en el 2012. Esto también se debe al hecho de que los países emergentes se industrializaron masivamente en estos 40 años.

Pero a nivel interno, el peso de la industria en la creación de riqueza nacional también ha descendido. Pasó del 23% en el año 1980 al 12% en el 2012, o sea una caída de la mitad.

Se ha demostrado a nivel macroeconómico que una nación sin industria no puede sobrevivir sin la ayuda del resto de países para alimentar su tejido empresarial cuando éste está orientado hacia una economía de servicios.

EL TURISMO MASIVO Y EL PARADIGMA LIBERAL

El desarrollismo turístico franquista del final de los años 1950 y de los años 1960 implementó una política que les hubiera gustado mucho a economistas liberales como Adam Smith o David Ricardo.

La idea era básicamente de aplicar la teoría llamada de las ventajas comparativas o de las ventajas absolutas teorizada por estos mismos autores. Es muy sencilla: cada país tiene ventajas que debe usar de forma masiva para sacarles provecho, dejando de lado las ventajas menores que pueda tener, ya que otros países podrán proveer estos productos.

El economista David Ricardo toma el ejemplo, en el siglo XVIII, del vino portugués y de la tela inglesa. Como buen fundador de la teoría del libre mercado absoluto y sin límites, el autor inglés explica que Portugal no tiene interés en producir telas ya que los ingleses pueden producirla de calidad superior y más barato, mientras que Inglaterra no tiene interés en producir vino por las mismas razones.

Con este planteamiento, los liberales abogan a favor de una economía centrada en una única producción para evitar desperdiciar capital humano y capital económico en producciones inútiles.

Eso es lo que ocurrió a la economía española: favoreció el turismo aprovechando sus playas y su clima, pero no desarrolló la industria o careció de voluntad política para proteger las industrias ya existentes, dejando que la producción de bienes se hiciera en países nórdicos o en China.

Para concluir, podemos decir que esta política es la que han llevado los gobiernos sucesivos desde los años 60, incitada y apoyada por la Unión Europea a partir los años 80, y que cabe revertirla si queremos sobrevivir en el futuro y recuperarnos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *