ENTREVISTA (PARTE 3): «La Leyenda Negra es la base sobre la que los militantes de la posmodernidad crean su discurso»

LDN: Como ya sabemos, el progresismo posmoderno es un acelerador del proceso globalizador, donde cualquier soberanía, frontera y cultura es un obstáculo, ¿qué papel tiene la Leyenda Negra dentro del discurso posmoderno? ¿Es la definición de España, como nación política sólida, un obstáculo para el mundo líquido posmoderno?

José Julio Cuevas Muela: La Leyenda Negra cumple una función crucial dentro del relato posmoderno. Es la base sobre la que los militantes de la posmodernidad crean su discurso y sus argumentos contra la propia existencia de España. No olvidemos que dicha Leyenda es construida (y difundida por las imprentas protestantes) en la época de la dialéctica de imperios, allá por el S.XVI, donde España era la potencia hegemónica en todo el globo (Siglo de Oro) que había conseguido el prestigio de descubrir América y ubicarla en un mapa (a diferencia de los vikingos y otros pueblos que ahora les otorgan dicha hazaña para poner en cuestión todo lo relacionado con el Imperio Español y sus aspectos positivos). Una fabricación propagandística que engordaron países como Alemania, Países Bajos o Inglaterra para dibujar permanentemente una identidad negra de España que sirviera como cortina de humo eterna que tapase las verdaderas barbaridades (que no cesaron hasta el S. XX) cometidas por esas naciones hoy señaladas con vehemencia como modelos de “puntal del progreso europeo al que debemos aspirar para sacar a España del atraso”. También se usó para combatir al imperio español e intentar con ello aminorar su fuerza y que otro imperio le desbancara de su posición dominante.

Como dejó claro el filósofo y escritor Pedro Insua en su manual de combate “1492. España contra sus fantasmasla Leyenda Negra se compone de cuatro pilares: al-Ándalus, Sefarad, la Inquisición y la conquista de América. Son los acontecimientos ennegrecidos que hacen que los españoles no asuman su Historia objetivamente y, a la vez, no se sientan parte de la nación española por motivos que atañan a esa vergüenza que nos han transmitido los fabricantes de la Leyenda, metiéndonos en un laberinto de espejos donde asimilamos una imagen de nosotros mismos proyectada por países centroeuropeos a través de su literatura, cine, teatro o tópicos muy interiorizados.

Esta arma propagandística, creada siglos atrás, se extendió tanto como elemento nocivo que aún se toma como una verdad incuestionable. En las propias aulas y libros de texto se ha asimilado como el relato real de nuestra Historia, cuando el mundo académico ha demostrado que era una burda farsa para desprestigiarnos como sociedad. España se niega a sí misma a través de la identidad negra que le han otorgado. Tanto es así que, políticamente, permite la existencia y representación de partidos separatistas en organismos públicos, incluyendo el Congreso de los Diputados. Unos partidos que – además de no reconocer la soberanía española– tienen como objetivo fragmentar España en tantos hechos diferenciales como haya en ella.

No es un secreto la anglofilia y germanofilia de estos movimientos separatistas que miraron a esas ‘civilizaciones’ como las ideales para contraponerlas al enemigo común: España. Los hermanos Arana crearon la Ikuriña copiando la Union Jack británica y cuando España perdió la guerra de Cuba frente a los norteamericanos, Sabino Arana felicitó al presidente Roosevelt por la mencionada hazaña. Otro ejemplo, esta vez del nacionalismo catalán, lo encontramos en Estat Catalá y en los hermanos Badia, con unas coincidencias claras con el NacionalSocialismo alemán a nivel ideológico y estético, copiando desde los uniformes hasta los carteles propagandísticos donde expresaban su repudia contra la inmigración –incrementada en los años 20– de españoles de toda la península en Cataluña, apareciendo el término ‘murciano’ con cognotación peyorativa, atribuyéndoles todos los males que padecía su ‘patria catalana’.

Estos partidos representan en estado puro la Idea alemana (romanticismo del S.XVIII) de Fichte del Estado de la Cultura, es decir, la cultura como sustancia de la nación étnica y como resultado del espíritu del pueblo (Volkgeist) es la que tiende a construir un Estado. La tesis de que por cada ‘cultura’ (mitificada) debe existir un Estado que la materialice institucionalmente por cuestiones lingüísticas y hasta biológicas, como la raza (pensamiento romanticista alemán, Völkisch, donde lo popular está mezclado con lo natural: pueblo y sangre). Añadiendo además la contraposición típica de Europa (moderna, avanzada, evolucionada) a España (negra, atrasada, supersticiosa) para aspirar a una Europa sublime donde el centro de poder esté en Alemania. Lo que nos recuerda a cierto Reich de los años treinta.

No es de extrañar, puesto que un destacado ideólogo del NacionalSocialismo alemán como Alfred Rosemberg, en su libro “El mito del siglo XX” ataca la raíz católica de España como núcleo de su subdesarrollo y degeneración como ‘nación europea’ que está atrasada por culpa de su catolicismo, el cual contiene elementos que lo identifican con la “mentalidad judía”, como el universalismo. Por supuesto, no falta en dicho ensayo negrolegendario las alabanzas a la Reforma Luterana que, según él, significó el alzamiento de la libertad germánica y de su vida racial frente a Roma. Acusa a España de ser el país menos protestante de Europa por estar dominado por los designios del papado romano. Europeísmo, leyenda negra, anticatolicismo, etc. La hispanofobia no es un hecho casual, sino plenamente ideológico.

Estos son los precedentes de los que se nutren de esa Leyenda Negra para crear un relato sobre la Historia de España tan fantasioso que deja a Tolkien a la altura del betún. Es el relato de que España es lo que se impuso en 1492 a una sociedad inclusiva, feminista, abierta en una arcadia feliz como era la creada por el “al-Ándalus de las tres culturas”. Es decir, ganó el nacionalcatolicismo –como diría el negrolegendario Goytisolo– al mundo árabe para extender una religión atrasada al resto de la península a través de lo que sería Castilla, quien blandió la espada del imperialismo para colonizar el resto de “naciones” (sin especificar el tipo) habidas en este solar ibérico. La existencia de la nación española es un cuento del españolismo católico que nos llevó al completo atraso con respecto al resto de Europa. ¿Quién puede creer semejante majadería carente de base documental? Pues resulta que es el relato –desgraciadamente– dominante en nuestra generación gracias a una educación lacaya del mundo anglosajón y que pretende mantener a la sociedad en un aura de inferioridad.

Las izquierdas, ya sean definidas o indefinidas políticamente, son las promotoras y las difusoras del relato arriba explicado, pero le añaden componentes que se entrecruzan en el tiempo cayendo en un oxímoron, una ucronía y un anacronismo fulgurante. Su concepción de España es tan hispanófoba y está tan mal construida que afirman y niegan su existencia en el mismo discurso. Depende mucho de cómo salga España a la palestra; si es para enarbolarla como autora de un pasado oscuro, entonces sí, España es una nación genocida; en cambio, si es para reconocer un aspecto positivo, ahí España no existe. Va y vuelve en el imaginario según conviene.

Su apoyo al metafísico “derecho de los pueblos a la autodeterminación” para las naciones étnicas de España (Europa Occidental), algo ya criticado por el propio Vladimir Lenin (éste solo pedía el derecho de autodeterminación para colonias de Europa Oriental con la excepción en occidente de Irlanda, que sí había sido una colonia británica); parten de premisas totalmente fantasiosas que son la antítesis de la transformación histórica de España desde su núcleo de nación histórica en el año 722 hasta su formación como nación política consolidada en 1812 y las posteriores revoluciones burguesas que dieron paso al modo de producción capitalista. Hasta el propio Karl Marx, partiendo del materialismo histórico, afirma que España es una realidad en varios artículos que nos dedicó, recopilados en libros como “España revolucionaria” y “Escritos sobre España” (este último incluye artículos de Engels).

Ese “derecho” que tanto piden las izquierdas es el que aplicó EEUU para fragmentar el Imperio Austro-Húngaro tras el fin de la Primera Guerra Mundial. También lo aplicaron para balcanizar Yugoslavia gracias a la democracia balística de la OTAN en los años 90. Uno de los objetivos de EEUU, Israel, Arabia Saudí y Qatar en Siria era trocearla en diferentes Estados teocráticos que aminoraran su influencia en la zona y barrieran al nacionalismo árabe laico como gran enemigo de las potencias occidentales y sus aliados. En China, muchos ciudadanos de Hong Kong también pidieron la independencia a base de desórdenes públicos y enfrentamientos con las autoridades chinas. Por supuesto, cuentan con el respaldo de los yanquis y Gran Bretaña para debilitar a ese gigante asiático que está siendo el gran competidor económico del mundo Occidental. En nuestro suelo también tenemos este problema, pero a diferencia de Xi Jinping –que está aplicando mano de hierro para solventarlo–, nosotros tenemos unas instituciones y unos organismos que lo llevan nutriendo desde el establecimiento del régimen del 78.

A esos movimientos nacionalistas fraccionarios, si tuviéramos que ubicarlos políticamente, sería en la Derecha Nacionalista (extravagante), pero como bien dijo Gustavo Bueno, es “una derecha disuelta en la izquierda”, como la izquierda abertzale. Sirven a las élites y burguesías de las regiones periféricas que aspiran a crear su propio neofeudo y paraíso fiscal donde el Estado Central no pueda inmiscuirse en los asuntos privados de esas zonas.

Los pueblos no pueden en la actualidad autodeterminarse, es una aspiración tan ridícula como idealista. En todo caso, está la heterodeterminación, que es otorgada por la Comunidad Internacional a través de organismos como la ONU, para determinar que un territorio o pueblo concreto es un Estado con soberanía propia. Generalmente son los países más potentes o los que tienen una gran riqueza –aunque su Estado no sea un ente suficientemente desarrollado– los que heterodeterminan, para nutrir esa Comunidad Internacional, que está compuesta por 54 países occidentales para globalizar sus opiniones y decisiones para con el mundo, sin contar con los 139 países restantes.

Las derechas ponen su grano de arena para que España sea un concepto a combatir, pues tienen el monopolio de la idea de España, aunque bastante diferente del que defendemos. Ellos conciben a España dentro de la Constitución Española, y ven su realidad limitada a la existencia de dicho documento jurídico-legal, pero es una contradicción que les ubica cerca del nacionalismo fraccionario. Esa misma Constitución, en su artículo 2, reconoce que España es una unidad, indivisible indisoluble y patria común de todos los españoles; pero le sigue la siguiente contradicción a lo anteriormente redactado: “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las NACIONALIDADES y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. ¿Qué nacionalidad puede atribuirse España a sí misma si no es la ESPAÑOLA a nivel total? Es evidente que desde la propia constitución se reconoce a regiones como Galicia, Cataluña o Vascongadas naciones étnicas diferentes que se encuentran dentro de la soberanía española por un hecho “solidario” y no como partes de la misma en todo su conjunto histórico, político y territorial. Estas derechas afirman que España existe porque hay una Constitución que así lo prueba, aunque como hemos comentado, niega su existencia como unidad total y envolvente. En ese mismo papel mojado de 1978 podemos encontrar artículos que podrían permitir la ampliación de competencias de las Comunidades Autónomas (concepto orteguiano), lo que significa que todo quedó atado y bien atado para que España marche hacia un modelo territorial federal.

La figura del Rey es la de un Jefe de Estado que no ha sido votado por el pueblo y que fue metido con calzador en esa Constitución que nadie ha vuelto a votar desde que salió a la luz, ¿dónde queda la tan aclamada democracia de la que todo el pueblo español goza con total lluvia de privilegios, libertades y demás zarandajas, según estos golpeadores de pecho propio?Queda como un regalo y verdadero privilegio para los que pretenden romper España, tanto a izquierdas y derechas, entre los que se ha vuelto muy notorio el debate sobre la articulación federal –propia de la Izquierda Socialdemócrata alemana de Bernstein y la Izquierda Anarquista de Proudhon– de España (un deseo húmedo de la burocracia europea para nuestra patria) como la mejor forma de resolver la cuestión territorial y aplacar la rebeldía de las “nacionalidades” supuestamente existentes dentro de nuestra nación política. Federalismo como un criptoseparatismo que pretende blanquear el proyecto de balcanización de nuestro solar ibérico y convertirlo en un títere más débil de la Unión Europea y el dominio yanqui. No se puede federar lo que está previamente unido, como es España, que es una nación política de Estado unitario; a no ser que tu pretensión parta de un total desconocimiento de la Historia de España y tengas muy interiorizado una concepción negrolegendaria de la misma. Ojalá una federación, pero con Portugal, que en este caso sí tendría sentido.

Este cúmulo de ideas y contradicciones tan metidas en la superestructura de nuestra patria y en sus abortos políticos, vienen ni más ni menos que del Congreso por la Libertad de la Cultura; institución de carácter abiertamente anticomunista, fundada en los años 50 por la CIA en Berlín cuya sede fue ubicada en París con más de una treintena de delegaciones. Contaba con la financiación de la Fundación Ford y algún que otro banco aquí conocido, junto con la permisividad del régimen franquista al que el mundo occidental, –a pesar de no ser un sistema político con una democracia homologada– veía como un buen aliado frente al comunismo soviético.

Su fin era actuar en el marco cultural y propagandístico en el viejo continente para la configuración de unos Estados Unidos de Europa que pusiera freno a la supuesta invasión que iba a protagonizar la URSS en el occidente capitalista. La idea del federalismo y “nación de naciones” en España fue inoculada precisamente por los EEUU a través de este organismo, que dio pie a que fuera pionero en sacar a la luz los debates sobre la supuesta “plurinacionalidad” de nuestro país. No sorprende tampoco el apoyo de la Iglesia Católica a esta iniciativa; la cual veía con buenos ojos por resultarle beneficiosa para bloquear un posible avance del socialismo realmente existente que le había acarreado grandes problemas en una guerra civil española que aún humeaba .En este asunto colaboraron intelectuales destacados de las más variadas ideologías (trotskistas, liberales, socialdemócratas o exfalangistas), teniendo como nexo de unión el anticomunismo: Julián Gorkin, Salvador de Madariaga, José Luis Sampedro, Julián Marías, Pedro Laín Entralgo, Julio Caro Baroja, Ignacio Iglesias o Dionisio Ridruejo. En 1967 pasó a llamarse Asociación Internacional por la Libertad de la Cultura. Por conocimiento o por desconocimiento (muchos de ellos apuntan a esto último, por lo que disolvieron la AILC en 1979), el caso es que fueron el ariete de la causa anticomunista norteamericana y, para más inri, en contra de su propia nación política. El anticomunismo, como se vio también con la Red Gladio, es un arma de doble filo que casi siempre suele beneficiar al capital dominante por cuestiones que atañan a la hegemonía ideológica, política y económica.

Tenemos que decir que tanto en las izquierdas como en la derecha poseen un relato tan contradictorio que cae en conceptos sumidos en el mito, como el concepto nación, que no es unívoco, sino que tiene diferentes acepciones como nación histórica, nación étnica, nación canónica, nación fraccionaria (sucedánea de la canónica) y la nación política. España es una realidad histórica políticamente constituida con un poder soberano que brota de la reunión y participación de todas sus partes (región, municipio, persona) y goza de reconocimiento internacional (heterodeterminación) para poder formar parte de tratados internacionales. España no es un proyecto sugestivo de vida en común, como afirmaba Ortega y Gasset haciendo uso de sucomún idealismo alemán (inspirándose en el austromarxismo de Otto Bauer), sino una nación que se puede definir perfectamente mediante la aplicación del materialismo y las diferentes categorías para comprobar la solidez de su existencia real, más allá de concepciones metafísicas, propias de los nacionalismos fraccionarios y el de una derecha “alternativa” –que se disfraza de radical cuando a efectos prácticos demuestra ser socialdemócrata– que cree que España es fruto de su propio mito, de ángeles, dioses, demonios y demás conceptos teológicos que no tienen cabida a la hora de establecer un análisis serio de la cuestión.

Como entrante para abrir boca, diremos que el carácter de nuestro Imperio era de corte Generador/Integrador, pues se replicaba a sí mismo (Universidades, ciudades, bibliotecas, templos, editoriales o administraciones civiles) en los lugares que conquistaba y construyó esas instituciones también en los territorios de ultramar (era un imperio que desbordó los límites peninsulares). Además, integraba los habitantes de los territorios conquistados a las capas imperiales otorgándoles el reconocimiento y sus derechos como español, tal y como tenían los habitantes de la España peninsular, es decir: hombres libres (identidad universalista). Aquí no importaba la mezcla racial entre, por ejemplo, indígenas y españoles o viceversa. También fue el promotor de crear las condiciones precisas para la transformación de sus Virreinatos o Provincias (no colonias) en Repúblicas Constitucionales. Por lo tanto, la concepción de la identidad de la Hispanidad es horizontal (iguala en la condición de español en las sociedades). Imperio Español como impulsor del Gobierno Recto/Directo en contraposición a los gobiernos caracterizados por la despotikés cimentada en sus formas Torcidas e Indirectas de gobernanza materializadas en los Imperios Depredadores (Imperio Belga, Alemán, Británico..) cuya base bebe esencialmente del protestantismo y tiene como base una concepción vertical de la identidad (atribuye superioridades e inferioridades a las sociedades que maneja: autóctono o esclavo. Guiándose incluso por el color de la piel y otras características biológicas). Además, concebían las tierras que conquistaban exclusivamente como lugares de extracción de recursos para la metrópoli donde usaban a la población autóctona como mano de obra barata o directamente la borraban del mapa. Ejemplos se depredación de estos imperios los tenemos hasta el S.XX, como el genocidio congoleño a manos del rey Leopoldo II de Bélgica o los zoológicos de congoleños para que los belgas observasen a estas personas como si fueran animales. También tenemos la limpieza étnica en Australia protagonizada por Gran Bretaña o su horrorosa hazaña con el opio en China y el genocidio del pueblo indio de Bengala. Las masacres de indios en el norte de América también a manos inglesas. Y así podríamos seguir con un sinfín de ejemplos que han quedado detrás de la pantalla de humo de la Leyenda Negra, a pesar de ser más recientes que la desaparición de al-Ándalus o la conquista de América.

Para transmitir al pueblo español una idea de sí mismo, libre de acicate negrolegendario, primero deberíamos empezar por nuestro entorno personal como primera praxis. La formación en este caso es crucial, ya que tenemos que interiorizar el contenido necesario para poder desmembrar quirúrgicamente los diferentes tópicos sobre nuestra historia, pegados como lapas en la mente de muchas personas. Como modo para llegar a más personas está el frente cultural, y si se puede materializar en asociaciones que organicen conferencias o en un plató de televisión, los efectos serán más contundentes y la provocación de curiosidad en otras personas se puede convertir perfectamente en una “malaria” de la verdad que corroa a toda una sociedad. Esto no es ningún invento, personas como Maria Elvira Roca Barea, Iván Vélez, Pedro Insua, Alberto G. Ibáñez o Javier Santamarta del Pozo, han conseguido que haya debate sobre la cuestión de la Leyenda Negra y su completa falsedad.

El derrumbe de esta cuestión, –que es peor que el Mundo en la espalda de Atlas–, nos puede abrir muchísimas salidas de cara al plano internacional, como la construcción de lo que denominamos Comunidad Panibérica de Naciones (CPN) cuya extensión abarca todos los continentes. La base de la CPN debe ser la cohesión en unidad, como núcleo, de la Hispanidad (España) y la Lusitanidad (Portugal), atendiendo a los lazos que unen a ambas patrias y concepciones de carácter universal que, tanto para un país como para otro, son pilares básicos de su identidad. Lo que conlleva la organización en una plataforma de cooperación política y económica como la que pretendemos, es la unidad de todas las naciones políticas y territorios conformados tanto por la Lusitanidad como por la Hispanidad, sin poner por encima a los núcleos de donde parten dichas concepciones filosófico-identitarias, es decir, España y Portugal. Queremos una simetría en igualdad de condiciones, desechando cualquier tipo de papel dominante de las antiguas “metrópolis” sobre sus antiguos virreinatos/provincias/colonias.

LDN: Muchas gracias por el tiempo dedicado para responder a nuestras preguntas, ¿quieres añadir algo más?

José Julio Cuevas Muela: Gracias a vosotros por conceder a la Comunidad Política Vértice esta entrevista en un espacio de expresión donde poder exponer todas nuestras reflexiones, opiniones y perspectivas. Hace falta más iniciativas de este tipo que hagan pensar para poder materializar el pensamiento crítico frente a la ideología dominante, que no olvidemos, es la ideología de la clase dominante.

Foto destacada: cedidos los derechos por el entrevistado.

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