ENTREVISTA (PARTE 2): «ENTRAMOS EN LA DICTADURA POSMODERNA DE LAS MINORÍAS»

Puede leer la primera parte de esta entrevista aquí.

«La única forma de tener posibilidad de construir una soberanía interna que se imponga al exterior es integrándonos al denominado Bloque Multipolar»

LDN : Dentro de un mundo cada vez más globalizado, donde hay multinacionales con mucho más peso geopolítico que Estados enteros: ¿Cómo se puede recuperar la soberanía nacional dentro de una aldea global cada vez más compleja? ¿Cómo se podría articular un bloque anti-hegemónico de Estados soberanos (multipolaridad contra unipolaridad)?

José Julio Cuevas Muela: A ciencia cierta es complicado atajar ese problema con una solución efectiva que no acarree ningún tipo de desestabilización a nivel internacional. Al estar en un mundo cada vez más globalizado, las esferas políticas que creíamos concéntricas en nuestro espacio nacional han degenerado en agentes cada vez más internacionales cuya decisión que tomen con respecto a su nación política repercute también a otras y a sus respectivas empresas. Aun, cuando España es una región periférica no industrializada –especializada en el sector servicios para el veraneo de los europeos a los que les tenemos que hablar en un perfecto inglés– dentro de la Unión Europea, que nos limita todo radio de acción para hacer y deshacer en nuestro territorio sin posibilidad de buscar una alternativa dentro de la configuración geopolítica que se está gestando, para desarrollar una reindustrialización y un refuerzo de nuestro músculo económico que pueda suplir las grandes carencias que tenemos a nivel infraestructural y así construir un sector público más firme para proceder con un proceso de nacionalización de otros sectores.

El Mundo Unipolar, nacido tras la caída del gigante soviético, fue el punto de ‘no retorno’ celebrado por un iluso Fukuyama que se jactaba sentenciando el fin de la Historia. Es ahí donde nace el orden global establecido con su doctrina universal de los derechos humanos, la democracia occidental homologada de mercado pletórico, el imperialismo ‘humanitario’ y los centros de poder, principalmente EEUU. Estos centros usan, en el capitalismo global, –como apuntó el economista Samir Amin–, cinco monopolios: 1) monopolio tecnológico, 2) monopolio del control de los mercados financieros mundiales, 3) acceso monopolista de los recursos naturales del planeta, 4) monopolio de los medios de comunicación y 5) monopolio de las armas de destrucción masiva.

La única forma de tener posibilidad de construir una soberanía interna que se imponga al exterior –y ayudar o convencer a otros países que sigan el mismo camino– es integrándonos en el marco geopolítico soberano que está cogiendo cada vez más fuerza frente a la unipolaridad atlantista; el denominado Bloque Multipolar, representado por organismos como el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) o el Movimiento de Países No Alineados, cuyo objetivo es rechazar las políticas que limiten la soberanía de los Estados y su derecho a la independencia política, no intervención en los asuntos internos de los países, solución de los conflictos sin hacer uso de la fuerza y la creación de diversos centros de poder. En resumen, la búsqueda de un orden internacional más equilibrado, cooperativo, heterogéneo y respetuoso con la soberanía de las diferentes naciones políticas (todas tienen derecho a desarrollarse en función de su interna dinámica) que anule el sistema estadounidense, unipolar y de la globalización capitalista.

Mientras esa integración llega –esperamos que pronto– solo nos queda luchar en diferentes frentes por su advenimiento en España para que nuestros compatriotas tomen conciencia de lo perjudicial que está siendo nuestra pertenencia al occidente capitalista que está cercenando todos nuestros derechos como trabajadores y miembros de una nación política con Estado e identidad propios. Es ahí donde entramos nosotros, para crear una hegemonía que influya en la sociedad que facilite este tipo de propuestas, además de combatir el pensamiento neoliberal y posmoderno imperante que está opacando realidades objetivas como la situación laboral cada vez más precaria de nuestro pueblo, al que hay que azuzar para que sea consciente de que su situación no es individual, sino general. Reconocemos dos planos de actuación.

«Los poseedores de la ideología ni-ni han destacado por su colaboracionismo indirecto con el atlantismo»

En el plano internacional, para facilitar la llegada del debilitamiento del actual orden geopolítico, desde nuestros medios y radio de alcance, debemos tomar una posición clara: aquellos países que están construyendo su vía en constante rechazo del mundo anglosajón (impuesto por el mundo unipolar) y al margen de la política depredadora de EEUU, son aliados objetivos. Por lo tanto, no debemos caer en la visión propagandística que constantemente impacta en nuestro suelo sobre los países u organizaciones enemigos de los señores del orden internacional, para manipular la realidad y hacernos creer que son también nuestros enemigos al no situarse en el lado de los intereses occidentales y no compartir sistema político, según los preceptos del imperialismo norteamericano. Ejemplos claros como la Siria de Bashar al-Ássad, el Irán de Hasán Rohaní, la China de Xi Jinping, la Rusia de Putin o la Corea del Norte de Kim Jong Un. Para muchos, son sistemas criticables con sus errores y aciertos, pero en el mundo que se gesta son, repetimos, aliados objetivos de los que siempre se nos muestra, mediante los medios de comunicación, una imagen sesgada, falaz y torticera. Distorsión movida por intereses ideológicos y estratégicos del actual orden que quiere mantener su hegemonía sobre los países miembros. Como dato que demuestra la realidad de esta situación, solo diré que los autores de criminalizar las protestas en Francia de los chalecos amarillos, aplaudieron el bombardeo de Yugoslavia, contribuyeron a la invasión de Iraq, apoyaron la invasión de la Libia de Gadafi, alimentaron al Estado Islámico en Siria, los que se codean con los wahabitas de Arabia Saudí, apoyan al separatismo en Hong Kong y a las criminales guarimbas venezolanas…son los mismos que te dicen que los países arriba mencionados son los culpables de que en el mundo se violen los derechos humanos y sean nuestro objetivo para extender allí a golpe de bombas si es necesario, nuestro ‘‘ideal’’ modelo político.

En este contexto no caben las medias tintas propias de los poseedores de la ideología ‘‘ni-ni’’, que han destacado por su colaboracionismo indirecto con el atlantismo agresor por su no-posicionamiento ante los conflictos bélicos que han sido iniciados por potencias occidentales y que han acabado con países derrumbados y presidentes asesinados en nombre de la libertad. En las guerras yugoslavas coreaban ‘‘ni OTAN, ni Milosevic’’, en la guerra de Iraq repetían ‘‘ni Bush, ni Sadam’’, en la guerra de Libia ‘‘ni Gadafi, ni OTAN’’. Es una ideología causada por el alimento de propaganda imperialista y que aún persiste en la mente de muchas personas, inclusive aquellas que se dicen enemigas del neoliberalismo, que en la praxis actúan de todo lo contrario.

En el plano nacional, creemos que la participación en la lucha de clases (ideológica, política y económica) –que gesta el propio sistema capitalista– es decisiva para elevarnos como trabajadores a clase dominante e imponer las condiciones a la clase burguesa lacaya, sus jefes burócratas de Bruselas y la Patronal, y a ser posible, barrerlos de los ejes donde se encuentran. Porque esto es importante; la gran burguesía global y sus títeres han hecho creer que la lucha de clases es un capítulo ya cerrado de la Historia tras el advenimiento de la Paz Unipolar del fin del siglo XX, pero no es así. La lucha de clases es el resultado de las contradicciones de clase generadas por el modo de producción capitalista con su intrínseca relación social, que sigue vigente a día de hoy. El propio multimillonario, polémico dentro de su clase social, Warren Edward Buffet hizo una afirmación que causó revuelo en los diarios: ‘‘Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando’’. Quien afirme que esta realidad no es tal, tan solo cumple con los preceptos ideológicos impuestos por la Derecha Socialdemócrata y corrientes ideológicamente indefinidas para acabar de una vez por todas con la conciencia precaria y de clase de los trabajadores para que sea sustituida por otras ‘‘preocupaciones’’ como el consumismo exacerbado o el conflicto entre movimientos sociales y culturales de minorías.

Una de las herramientas que creemos indispensable es el uso de los sindicatos como órganos de representación de intereses de los trabajadores frente a empresarios que pretenden aprovecharse de las necesidades de las capas más bajas de la sociedad, muy dados a saltarse a la torera los convenios colectivos o el simple Derecho Laboral, que gran parte de los trabajadores desconoce. España, en el curso 2015/2016, fue uno de los países con más casos de explotación laboral (situación generalizada en la idílica Europa) según la Agencia Europea de Derechos Fundamentales que señala las malas condiciones de los sectores agrícola, construcción y servicios. Los casos de explotación han incrementado desde entonces y se intentan normalizar esos métodos como siguiente paso a la bajada de derechos.

Están a la orden del día los despidos improcedentes, horas extras no pagadas, mensualidades salariales no pagadas, pagos del salario cada dos meses, accidentes laborales por falta de medios de seguridad, firma del finiquito como condición previa para firmar el contrato fraudulento de trabajo, contratos de dos meses de duración, Empresas de Trabajo Temporal.. y un largo etcétera.

Los más jóvenes estamos siendo objeto de la modelación del trabajador ideal, con nuevos modos de explotación como son los llamados ‘Riders’ –eufemismo de la prensa para tapar los atropellos laborales a los repartidores a domicilio en bicicleta– de Glovo, Deliveroo o Uber Eats, que ejercen de falsos autónomos con una ilusoria tendencia de ‘‘emprendimiento’’. Somos carne de cañón para la clase explotadora, que está creando una generación acostumbrada a los trabajos basura, con la vomitiva frase ‘‘es lo que hay, así es la vida’’ como consigna relajante que nos haga desechar la protesta, la huelga y la queja como opción para mejorar nuestras condiciones.

Es una cuestión organizativa que tenga a la vista lo nacional e internacional (que están profundamente imbricadas) para construir una base sólida de bastante alcance que aproveche las condiciones materiales para hacer hegemónica nuestra forma de pensamiento. Se trata de una lucha contra la ideología dominante.

«Muchos de nosotros pensamos que el siglo XXI es el siglo de las luchas individualistas»

LDN: El número 6 de la revista Vértice tiene un dossier titulado ‘‘El totalitarismo posmoderno: lo políticamente correcto y la criminalización de la crítica’’: ¿es el progresismo posmoderno una nueva forma de totalitarismo blando?

José Julio Cuevas Muela: No solo es una forma del totalitarismo blando, sino que es el totalitarismo de las democracias burguesas avanzadas para evitar cualquier tipo de desviación política a la que ellos consideren un potencial peligro para el mantenimiento de sus estructuras y modos de poder. Muchos de nosotros pensamos que el siglo XXI es el siglo de las luchas individualistas del ‘Yo’ universal, que han sustituido a las luchas políticas en cuanto a dialéctica entre formas diferentes de concebir el Estado, la nación, la economía o la política. Estas nociones se dan por concluidas, pues están sometidas a la visión anglosajona del mundo, que es la predominante, representada por la globalización y su lengua vehicular, el inglés. Los conceptos que están en disputa –que creíamos ya definidos por la ciencia– son los relacionados con el sexo o el género, por ejemplo. Siendo sometidos, por imperativo ‘moral’, a la subjetividad del sujeto que crea necesario para sus sentimientos y definirlos, para así modularlos para sí mismo en función de su bienestar psicosomático.

La democracia representativa o partitocrática –hegémonica, al ser la mejor herramienta que se adapta a los designios de la globalización capitalista neoliberal–, descansa en el individuo al que le atribuyen las características del sistema productivo capitalista: la competencia, el interés y la extensión del Yo puro (sujeto vacío al que el neoliberalismo le introduce el contenido que cumple con las exigencias de los actuales y nuevos mercados, pero mediante el Liberalismo Cultural hace creer a dicho sujeto que la modelación a la que quiere someterse es producto de sus percepciones y su deseos, originados de ese Yo puro que se tiene como eje primordial en la construcción de su individuo y no una construcción con fines mercantiles). Como podemos observar, al ser el individuo puro –sin más arraigo que la subjetividad que proyecte para sí mismo– el sujeto del neoliberalismo, debe tejer un sistema de gobierno adaptado a las exigencias que del individualismo emana: los partidos políticos del régimen burgués.

Como todo sistema, debe tener un modo de educación e incluso de limitación de libertades adaptado a sus exigencias y objetivos. Entramos de lleno en la dictadura posmoderna que se puede denominar como ‘la dictadura de los pequeños relatos’ enlazando con la teoría de la posmodernidad de Jean-François Lyotard. Es decir, la dictadura de aquellas minorías a las que siempre se les ha negado –o no han podido tener– la posibilidad de representar un papel hegemónico y protagonista en la Historia Universal. Estos son, por ejemplo, las lesbianas, negros, bisexuales, transexuales, individuos racializados o no binarios. Es un área muy difusa que se transforma con el cambio del tiempo, siguiendo la Ley Líquida (nada es fijo o sólido) que es la que marca el contenido y los aspectos del baúl de los pequeños relatos.

Este festival de la irracionalidad, el subjetivismo y los impulsos casi patológicos tiene su origen histórico en Mayo del 68 e ideológico, en la French Theory; representada por intelectuales como Michel Foucault, Jaques Derrida, Lacan y otros, que veían el aparato económico libertario yanqui un lugar ideal para el surgimiento de una política. Pues solo el capitalismo puede edificar la utopía mediante la seducción que provoca la suma de la intelligentsia de izquierda más la cultura pop. Todo este sustrato devino en nuevas formas de ideología donde las herramientas o elementos para la configuración y expresión de la política ya no son las instituciones, sino el área corporal del ser humano como ámbito de lucha enfocada al ámbito social, llamada por Foucault ‘‘Biopolítica’’. Las protestas o reivindicaciones de FEMEN y otras feministas de 3º ola son ejemplo de estos nuevos modos de expresión y actuación.

Son estos grupos, apoyados por grandes lobbys y financiación obscura, los que se están imponiendo al resto de la sociedad batallando desde las esferas sociales, políticas y educativas, siendo la Universidad (núcleo, por otro lado, del nacimiento de estas corrientes) su centro de operaciones más fuerte, en el que teje las formas y modos de extender sus postulados de psiquiátrico a todos los rincones. Y son la fuerza de choque del neoliberalismo y el capital dominante para, por un lado, abrir nuevos mercados mediante la creación de nuevas necesidades, y por otro, anular toda lucha política contra su sistema de producción dominante.

Foto destacada: cedidos los derechos por el entrevistado.

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