EL OFICIALISMO EUROPEO, TEMEROSO DE LA GUERRA CULTURAL PATRIOTA

De entre las formas de conflicto que pueden afrontar hoy en día las potencias no deseosas de recurrir al cauce de la guerra militar, se encuentra la llamada guerra cultural: la imposición de unos determinados valores recurriendo a las artes y la cultura, promoviendo obras y programas que favorezcan su visión y suprimiendo o criticando aquellas obras contrarias a dicha visión.

« La cultura moldea los valores más profundos de un pueblo »

En el mundo moderno, habida cuenta del poder que poseen ahora los medios de difusión, la guerra cultural se ha convertido en una actividad bastante importante, pues con ella es posible alterar los valores de un pueblo, de tal forma que un pueblo que hasta hace cuatro días era acérrimo enemigo de la inmigración hoy día se abra de puertas abiertas a los habitantes del mundo, por poner un ejemplo. La cultura crea y moldea los valores más profundos de un pueblo, y si consigues que ese pueblo asuma tus valores como suyos, entonces te será más fácil dominarlo.

Esta realidad no ha escapado a la percepción de los grupos patriotas europeos, que, con gran visión, han comenzado a dar pasos para contraatacar la visión cultural impuesta por las instituciones europeas, adoptando medidas para defender una cultura patriota que defienda los valores tradicionales de su pueblo. 

Dichas maniobras han sido alertadas por el medio oficialista euobserver, el cual parece espantarse de que unos pueblos de Europa hayan decidido rechazar el discurso globalista impuesto desde la UE y defender sus propios valores. Vayamos a comentar dicha noticia https://euobserver.com/social/146592

El contraataque patriota desde la perspectiva cultural

Entresacando del texto de la noticia referida, podemos observar las tácticas con las que los partidos patriotas pretenden pelear en la moderna guerra cultural:

Hungría: El Gobierno de Orbán ha tomado buena conciencia de la guerra cultural, pues su gasto en Cultura supone el 3,5% del PIB de su país. A modo de comparación, la media de gasto que el resto de países de Europa hacen en Cultura supone un 1,1% del PIB de cada país.

Bélgica: Jan Jambon, Ministro de Cultura de la Comunidad Flamenca de Bélgica, ordenó recortar la financiación a las “artes” y favorecer en su lugar al patrimonio histórico flamenco, tal como catedrales y cuadros. Para comprender por qué ponemos entre comillas artes, nos basta con hacer mención a los comentarios de Tom de Mesteer, portavoz del partido izquierdista PVDA, criticando la medida por considerar que “silencia a artistas críticos e innovadores” y que “sólo vale para mostrar una visión nacionalista de Flandes”. ¿A qué suenan estos comentarios?

Polonia: Piotr Glinski, Ministro de Cultura, ha aprobado una serie de medidas para recuperar el dominio cultural de su país, entre ellas la de retirar las subvenciones a los festivales que representen obras del director de teatro croata Oliver Prljic, conocido por sus obras en las que critica a la Iglesia Católica. Asímismo, Polonia está acometiendo una reforma de la gestión de los Museos de la Segunda Guerra Mundial que, según sus críticos, “pretende reescribir la historia en favor de una narrativa nacionalista”

De entre las reacciones que están suscitando estas medidas, destaca la de André Wilkens, Director de la European Cultural Foundation, una institución creada tras la Segunda Guerra Mundial para “sanar las heridas del Continente”, recurriendo a medidas tales como apoyar a obras artísticas que “fortalezcan la democracia en un momento crucial para Europa”. ¡ Empezamos bien!

Dice Wilkens: “La batalla por Europa se está librando, no con tanques ni misiles, sino con ideas”

“Los populistas pretenden librarse de la gente que posee un espíritu libre y no realizan sus obras de acuerdo con sus directrices. Haciendo eso acabas en una situación en la que se puede modificar la infraestructura cultural de un país”

Las palabras de Wilkens son suficientemente evocativas de la posición cultural del establishment europeo. Para Wilkens, obras que se burlen de la Iglesia Católica o del pueblo polaco son obras que mostrarían un “espíritu libre”, mientras que aquella cultura que decida no doblegarse a estas imposiciones y replicar, sería vista como un instrumento de los nacionalistas para terminar con la libertad de expresión y censurar a los “artistas críticos”. ¿Artistas críticos con qué?¿Qué crítica aportan estos artistas? No una muy buena, desde luego, para llevar años recibiendo financiación de las instituciones. ¡Menuda birria de crítica!

Por supuesto, implícito queda que prohibir o silenciar aquellas obras de posición patriota no se considera como atentado a la libertad de expresión. ¡Faltaría más! En España tenemos ya nuestra parte de experiencia con los artistas subvencionados por el Régimen del 78. ¿Cómo reaccionarían si un valeroso grupo de artistas decidiera plantarles cara decididamente?

Foto sin cambio: www.kremlin.ru. – Creative Commons Attribution 4.0

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