EL COVID19 QUE MATÓ A LA ESTRELLA DEL TURISMO LOW COST

Uno de los sectores que se han visto más afectados por el Coronavirus ha sido el sector aeronáutico, y en concreto, su principal línea de negocio, el transporte de pasajeros.

Para evitar la propagación internacional del virus, desde un primer momento determinados países como Rusia, prohibieron los vuelos directos con China, y a medida que el virus se fue extendiendo, asistimos a como se cerraba el espacio aéreo mundial a cualquier vuelo, tras el anuncio de esta medida pionera por Donald Trump en EE.UU.

Además de este cierre administrativo del espacio aéreo, debido al parón económico se ha producido un estancamiento en la reserva de vuelos futuros por parte de los consumidores (pasajeros). Existe una enorme incertidumbre en estos momentos sobre que es lo que va a suceder, y lógicamente, lo primero que está recortando el consumidor son los gastos que no son básicos. A esto se añade, que hay un alto porcentaje de población mundial que ha sufrido una caída en sus ingresos actuales, y que espera una reducción próxima de su salario medio.

Toda esta situación ha provocado que las aerolíneas de todo el mundo estén inmersas en una crisis sin precedentes, ante la que han reaccionado defensivamente mediante una drástica reducción de costes, mediante despidos masivos, suspensiones de contratos, y reducciones de salario en los puestos más cualificados.

Estas grandes líneas aéreas, lastradas por las grandes inversiones realizadas en el pasado, siguen operando a pequeña escala con los vuelos de corta distancia y de mercancías (o cargo), pero este tipo de vuelos no es suficiente para poder mantener toda estructura necesaria. Por lo que en breve vamos a ver grandiosas quiebras, fusiones forzosas, y rescates públicos, que al final dejarán un panorama más reducido desde el lado de la oferta, en el que sólo las líneas más fuertes sobrevivirán, y las más endeudadas o apalancadas, desaparecerán. Precisamente muchas de las líneas de viajes de bajo coste (Low Cost) son empresas altamente endeudadas, por lo que su desaparición puede ser inmediata al no poder afrontar sus compromisos de pago, poniendo un punto y final abrupto a la era de los viajes baratos, tan populares entre la juventud occidental.

¿Que es lo que vamos a ver en un futuro?

Un menor número de compañías aéreas, operando a un menor número de destinos, lo que se traducirá tanto en una menor afluencia de “masa turística” a los destinos más populares hasta ahora, y la desaparición de un gran número de recientes destinos “exóticos” de bajo coste.

¿Como va a afectar esto a España (uno de los 5 destinos más visitados en 2019)?

A corto plazo sin duda significará una hecatombe económica en el sector turístico, pues además de todo lo anteriormente señalado, la mala gestión de Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ha deteriorado la imagen de España como destino turístico frente a otros destinos, competencia directa, como Portugal o Grecia, donde la gestión no ha sido tan nefasta.

A medio y largo plazo, dependerá mucho de la evolución de los principales países emisores de turistas (básicamente norte de Europa), y pese a la previsible caída generalizada, en cierta medida, podría ser compensada con la llegada de otros turistas europeos que no van a poder ir a destinos exóticos Low Cost porque ya no estarán disponibles, y/o su precio post-COVID19 será muy elevado para poderlo afrontar con su renta disponible.

Pero por otro lado, sufriremos una caída de pasajeros de fuera de la Unión Europea que habían elegido España como destino gracias a un vuelo Low Cost. En cualquier caso, habrá que realizar una intensa gestión directa con todas las aerolíneas y grandes operadores de viajes que sobrevivan, para impulsar el turismo hacia España, algo que no podrá hacer un Gobierno debilitado, con una imagen erosionada tanto interna, como externamente, y rehén de las más que previsibles enormes deudas contraídas.

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